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Los forenses creen que las cataratas de Mainar no le impedirían efectuar un disparo

Santiago Mainar es el único acusado por el asesinato de Miguel Grima. Video: Informativos Telecincotelecinco.es
En su declaración durante la tercera sesión del juicio por el crimen, que se celebra en la Audiencia de Huesca, los peritos han coincidido en que el disparo que le provocó la muerte se produjo a una distancia de entre cinco y siete metros.
En su opinión, el arrastre del cadáver hasta la cuneta de la carretera de Majones a Fago, donde fue localizado el cuerpo al día siguiente, se hizo cogido por las muñecas, aunque también desde las axilas o brazos.
Han considerado que a pesar de las cataratas que sufre Santiago Mainar en el ojo izquierdo, en el que tiene una agudeza visual de 0,5, no tendría problema en conocer el vehículo del alcalde ni la fisionomía de la persona que bajó del coche por la noche, y tampoco encontraría dificultad en disparar la escopeta.
Los forenses han explicado que las personas con cataratas no ven las figuras bien definidas, ni con colores, y hay cierta descoordinación entre planos, "pero se ve", e incluso mejor por la noche, ya que la pupila está más dilatada y entra más luz, por lo que ven mejor.
Sobre las causas de la muerte de Grima, ambos han coincidido en que fueron las lesiones cardíacas las principales, ya que eran tan importantes como para que "el siguiente latido, si es que lo hubo, fuera sin sangre", y por ello han comentado que la muerte debió de ser "inmediata".
No obstante, han apuntado que el cuerpo tenía también lesiones en los pulmones, en el bazo, en el hígado y en el estómago, además de que encontraron un proyectil en el interior del cuerpo, de un centímetro.
En el cuerpo, han precisado los médicos forenses, había 14 heridas, nueve orificios de entrada y cinco de salida, todas ellas "de un mismo disparo" de postas, realizado supuestamente con una escopeta, que no ha sido encontrada.
Preguntados por las lesiones exteriores, han afirmado que el cráneo estaba intacto pero la cara y otras partes del cuerpo tenía erosiones superficiales provocadas por pequeños roces con ramas ligeramente puntiagudas o por el contacto con el asfalto, durante el arrastre del cadáver.
Lo que han dejado claro es que la víctima no pudo defenderse y que el arrastre se produjo después de la muerte, que justifican no sólo por las heridas superficiales, sino también por los hallazgos en la ropa y en los zapatos.  CGS