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El frío en laboratorios altera los resultados en experimentos con ratones, según un estudio

Nueve de cada diez fármacos que se prueban con éxito en ratones y otros modelos animales no funcionan en los seres humanos, lo cual puede deberse a los ambientes fríos en que se desarrollan los experimentos, según ha publicado, en 'PLoS ONE', el doctor Joseph Garner, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford, en EE.UU.
Los ratones de laboratorio, que representan la gran mayoría de los sujetos de investigación en animales, son habitualmente alojados en condiciones frías, lo cual, puede afectar a su bienestar, así como a los resultados de los estudios de investigación.
"Para diseñar un medicamento que ayude a un paciente, no se debe probar antes en animales que se encuentran estresados por el frío, y lo están compensando con una tasa metabólica elevada", afirma Garner, "ya que esto cambia todos los aspectos de su fisiología como, por ejemplo, la rapidez con la que el hígado descompone una droga".
En su nuevo estudio, Garner y sus colaboradores también han descrito una posible solución al problema: proporcionar a los animales los materiales apropiados para que construyan un nido, que les permita regular su temperatura de forma natural. De esta manera, estos ratones serían más fisiológicamente comparables a los seres humanos y, por lo tanto, podrían servir como sujetos de investigación más significativos.
Así, Garner afirma que "hay que permitir que los ratones hagan lo que hacen en la naturaleza -construir nidos para sobrevivir y desarrollarse". El estudio, que forma parte de casi siete años de trabajo sobre el comportamiento de anidación del ratón, es el primero en tener en cuenta la importancia de los nidos, en términos de ahorro de temperatura.
TEMPERATURAS DE 20 GRADOS
Los ratones viven mejor en torno a temperaturas de entre 30 y 32 grados centígrados; sin embargo, en base a las regulaciones federales, en los laboratorios de investigación en Estados Unidos, los ratones viven en ambientes de entre 20 y 24 grados centígrados.
Las ventajas de estas bajas temperaturas son varias; por ejemplo, los ratones tienen tendencias agresivas que se suprimen en climas más frescos, y las hembras lactan mejor en temperaturas más frías.
El problema surge cuando, al mantenerse las temperaturas hacia el extremo inferior -entre unos 18 y 20 grados- los ratones comienzan a mostrar cambios en la función inmune, y su crecimiento puede ser retardado. Según Garner, "los ratones pueden verse comprometidos fisiológicamente, y esto puede afectar a los resultados de investigación".
Elevar la temperatura en el laboratorio no es una opción, sobre todo porque los ratones se convertirían en inmanejables, debido a un aumento de su agresividad. Por este motivo, Garner y sus colaboradores buscaron otras opciones en su estudio, que involucró a 36 ratones macho y 36 hembras, de tres de las cepas más comunes.
Los investigadores crearon dos grupos de jaulas, unidas por un tubo pequeño para que los ratones pudieran moverse entre ellas. Una jaula, en cada conjunto, se mantuvo a 20 grados, y estaba equipada con diferentes cantidades de papel picado, que los animales podían utilizar para la construcción de nidos. En el otro conjunto, las jaulas se mantuvieron a una de estas seis temperaturas: 20, 23, 26, 29, 32 o 35 grados, pero sin material de nidificación.
Así, los ratones tenían la opción de quedarse en una jaula fría, comer más para añadir grasas y elevar la tasa metabólica, o construir un nido. Cada cepa y sexo mostraron preferencias ligeramente diferentes, según los investigadores, pero ningún animal se contentó con quedarse en la jaula más fría; por ejemplo, los ratones se trasladaron a un lugar más cálido, si estaba disponible, o construyeron elaborados nidos, en forma de cúpula, para calentarse. Además, los investigadores observaron que, cuanto más material para la construcción del nido tenían los ratones, más estaban dispuestos a conformarse con un clima más fresco.
Por otro lado, algunos ratones, a menudo, pasaban horas recogiendo papel, poco a poco, de la jaula más fría, transportándolo luego a un lugar más cálido, en otra jaula, para construir un hogar pequeño y robusto.
LOS NIDOS DISMINUYEN LA ANSIEDAD
Garner explica que estos ratones decidieron que querían tenerlo todo, un lugar cálido y un nido. Según el experto, el hecho de que algunos ratones trasladaran material de nidificación a la jaula más cálida, significa que los nidos tienen una función más allá del calor, como, tal vez, proporcionar comodidad física, o como una forma de protección que disminuye la ansiedad de los animales y sus niveles de estrés.
Los ratones con nido tienden a comer menos, ya que no necesitan calorías adicionales para satisfacer demandas metabólicas más altas; y, en general, las hembras prefieren temperaturas más altas que los machos: son más pequeñas y tienen menos grasa para generar calor.
Otro de los beneficios de los nidos es que facilitan el trabajo de los investigadores con los ratones - así es más fácil recogerlos, y observarlos. Además, según Garner, "la forma del nido puede mostrar si los animales tienen demasiado calor, o demasiado frío, si están enfermos, o si están a punto de dar a luz. En definitiva, el nido es una maravillosa herramienta para evaluar el estado general del ratón".