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El arte permitió a una sociedad que no sabía ni leer ni escribir conocer la infancia de Jesús, según experto

Los orígenes de la iconografía navideña, sobre la infancia de Jesús, que permitieron que una sociedad que no sabía ni leer ni escribir fuera catequizada y conociera la infancia y la vida de Jesús, se vinculan más que a las "lacónicas" noticias del relato evangélico, a los Apócrifos y al teatro de Navidad, según explica el profesor titular de Historia del Arte en la Universidad de Navarra, Ricardo Fernández Gracia.
Fernández Gracia ha explicado a Europa Press que los textos de Lucas y Mateo fueron el punto de partida de "un verdadero universo gráfico" que, desde la predicación del Evangelio "ha fascinado continuamente a los artistas de mayor o menor categoría".
Además, ha precisado que la propia Iglesia "que no autorizaba los Apócrifos", se mostró "más permisiva" en el mundo de las representaciones plásticas, "sabedora de que para la catequización de los fieles eran necesarias unas imágenes, ya que en una sociedad en la que la mayor parte no sabían leer ni escribir, los medios de difusión de la cultura y la catequesis eran fundamentalmente orales y plásticos".
De esta forma, según indica, "el poder y la sugestión" de las imágenes las hicieron "imprescindibles" para la comprensión de los dogmas y el arte, con el paso del tiempo, se fue haciendo "más culto y erudito".
Concretamente, respecto al pasaje de la Huída a Egipto, que sólo es mencionado por uno de los Evangelios, el de Mateo, fueron, al igual que en otras iconografías, "los Apócrifos y la Leyenda Dorada de Jacobo de la Vorágine quienes vistieron el breve relato de Mateo con numerosos hechos legendarios como el milagro de las espigas, el ataque de los bandidos o la caída de los ídolos de Egipto".
El tema de la Huida a Egipto, así como las narraciones posteriores y añadidas fue tratado "abundantemente" en el arte medieval a partir del arte paleocristiano y bizantino y entre las representaciones más antiguas conservadas se encuentran algunas obras del siglo VIII, recogidas por E. Mâle, como el fresco de Santa María la Antigua de Roma.
LOS ORÍGENES DEL BELÉN
Sobre los orígenes de la representación del belén, Fernández Gracia explica que hay que remontarse a la escenificación que ideó San Francisco de Asís en la Nochebuena de 1223, con permiso papal en Greccio. Así, los franciscanos, en sus ramas masculina y femenina, se convirtieron en apóstoles de "tan singular" costumbre, combinando aspectos simbólicos y naturalistas.
Así, de las iglesias, colegios y conventos la costumbre de instalar los belenes se trasladó a los palacios y de éstos a las casas ya en el siglo XVIII y de modo mucho más general en el XIX, en plena época romántica. En España, la instalación del belén de palacio en tiempos de Carlos III y el belén de Salzillo en Murcia constituyen dos grandes hitos en su desarrollo.
Concretamente, hace distinción entre los belenes napolitanos, donde el nacimiento de Jesús "no es el centro de aquella historia" y que "se limitan a argumentar el inmenso escenario en el que se desarrolla la vida de un pueblo extrovertido, perdiéndose el carácter didáctico, aunque ganando en espontaneidad y vitalidad" y el belén de Salzillo, calificado como "juguete de la ancianidad", en el que se relata "una historia sagrada y ejemplar, convirtiéndose el nacimiento de Cristo en el centro de todo el relato".
EL ÁRBOL DE NAVIDAD, DE PAGANO A CRISTIANO
Asimismo, otro motivo navideño que preside las casas durante estas fechas es el Árbol de Navidad, una costumbre que radica en los pueblos del norte de Europa y arraigada entre los celtas. Así, al principio, sus habitantes festejaban en torno al solsticio el nacimiento del dios del sol-fertilidad con un árbol adornado.
Sin embargo, Fernández Gracia apunta que cuando se evangelizó el centro y norte del Viejo Continente, los primeros cristianos de aquellos pueblos tomaron la idea del árbol para celebrar el nacimiento de Cristo, cambiando su significado pagano.
De hecho, según añade, se cuenta que San Bonifacio, evangelizador de Alemania e Inglaterra, en el siglo VIII, derribó el árbol que representaba al dios pagano, y en el mismo lugar plantó un pino, símbolo del amor perenne de Dios y lo adornó con manzanas y velas, dándole un simbolismo cristiano: las manzanas representaban las tentaciones y los pecados y las velas representaban a Cristo.
Posteriormente, a comienzos del siglo XVII, cuando ya existen descripciones, se adornaba con azúcar, muñecos, papales multicolores, manzanas y golosinas. En España, según precisa el profesor de la Universidad de Navarra, es muy posible que su primera instalación se llevara a cabo en torno a 1870, por una noble rusa que contrajo matrimonio con el duque de Sesto, uno de los artífices de la Restauración monárquica en la persona de Alfonso XII.
Precisamente, la estrella de la copa de este árbol está relacionada con la de los Reyes Magos, que llegan este domingo, y se le da el significado de "la fe que debe guiar la vida" de cada uno, según señala.