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La muerte de doce reclusos en un incendio desnuda la precariedad carcelaria en Uruguay

El ministro del Interior, Eduardo Bonomi, se trasladó esta mañana al lugar de los hechos, donde está realizando la primera inspección del centro después de que se extinguiera el fuego. EFE/Archivotelecinco.es
La muerte de doce reclusos en un incendio en Uruguay volvió a dejar hoy en evidencia las precarias condiciones de los penales del país, tildadas de "infrahumanas" y de "insulto a la dignidad" por Naciones Unidas, que además las sitúa "entre las peores del mundo".
Las llamas se desataron cerca de las 04.00 hora local (07.00 GMT) en una celda del bloque número dos de la cárcel de la ciudad de Rocha, en el este uruguayo y próxima a la frontera con Brasil.
El siniestro, producido al parecer por un cortocircuito y el posterior contacto de la chispa con una manta, provocó la muerte de doce internos que ya han sido identificados y heridas en al menos siete presos que son atendidos en hospitales.
Horas después de la tragedia, el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, se trasladó al lugar, donde anunció el envío de un equipo especializado para dar "asistencia sicológica a los familiares, a los presos y a los policías", así como algún tipo de "apoyo financiero".
Bonomi recordó que el Ejecutivo ha enviado al Parlamento un proyecto de ley para mejorar el sistema carcelario e incluso admitió que, antes de la tragedia, analizaba clausurar la cárcel de Rocha.
A su lado, el subjefe policial de Rocha, Celso Sosa, reveló que los reos usan "artefactos de calefacción, algunos caseros y precarios" para combatir el frío del invierno austral, y duermen rodeados de "gran cantidad" de colchones y mantas que emplean para "sectorizar sus lugares".
Sosa se negó a detallar el número de guardias que se encontraban en el recinto, aunque afirmó que "estaban cubiertos todos los puestos" de vigilancia.
Mientras, al grito de "asesinos" e "incompetentes", los familiares de los reclusos muertos y heridos denunciaron en el lugar demoras de "hasta una hora y media" en socorrer a las víctimas.
En respuesta, Sosa argumentó que la Jefatura de Policía de Rocha "está tomando las providencias para determinar un personal estable" de custodios para evitar la rotación que existe entre agentes de la zona y empleados de seguridad privada.
El diputado del opositor Partido Nacional por el departamento de Rocha José Carlos Cardoso consideró la tragedia de "esperable" en un lugar "donde había veinte presos en 15 metros cuadrados, separados por lonas y por frazadas (mantas)".
"Es el drama más grande de la historia de Uruguay en materia carcelaria", dijo el legislador, que criticó al Estado por "desconocer durante tanto tiempo" lo que pasaba en la cárcel de Rocha, donde conviven 150 presos en un edificio del siglo XIX con capacidad para medio centenar.
En Montevideo el presidente de Uruguay, José Mujica, definió el siniestro como "algo dramático" en una breve declaración a la prensa.
Desde que asumió el 1 de marzo pasado, Mujica ha expresado su deseo de cambiar el mapa penitenciario uruguayo y mejorar los mecanismos de reinserción de los presos en un país en el que el 60 por ciento de los internos que salen libres reinciden con un delito mayor.
Mujica conoce muy bien la cuestión pues, al igual que Bonomi, estuvo varios años en la cárcel, y en duras condiciones, por su pertenencia a la guerrilla tupamara durante los convulsos años sesenta, setenta y ochenta del siglo pasado en el país, la mayoría durante la dictadura militar (1973-1985).
Según las últimas estadísticas del Ministerio del Interior, las cárceles uruguayas tienen capacidad para un total de 6.443 reclusos pero en ellas conviven 8.863, lo que supone una densidad del 138 por ciento.
En 2009 el relator especial de la ONU sobre la Tortura, Manfred Nowak, denunció durante una visita al país que en las cárceles uruguayas se registran violaciones a los derechos humanos "a gran escala".
"El pueblo de Uruguay, un país reconocido por su democracia y desarrollo social, no merece este sistema penitenciario", dijo Nowak.
El enviado de la ONU denunció también el hacinamiento y el "alarmante" nivel de violencia en los centros, los retrasos del sistema judicial y la falta de separación entre presos condenados y procesados.
En los últimos meses el penal de Libertad, la cárcel de máxima seguridad de Uruguay, situada en San José, al oeste de Montevideo, ha sido escenario de una huelga de hambre de los custodios y un incendio en el que fallecieron dos reclusos.
En octubre de 2009 cinco presos murieron víctimas de las llamas durante una protesta en una cárcel de las afueras de la capital uruguaya.