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Los restos humanos de la explosión de Logroño son de una mujer y de un niño

Los bomberos continúan la búsqueda de los restos de los cuerpos que murieron en la explosión de gas en el centro de Logroño el pasado sábado. Hasta ahora sólo se han podido encontrar los restos de a una mujer adulta y a un preadolescente varón. A la espera de que se confirme mediante las pruebas de ADN, quedan por encontrar los restos de un hombre adulto y una niña de 8 años.
A la familia, que vivía en el tercer piso, se le vinieron encima las dos plantas superiores. Tan sólo la abuela de los niños, de 81 años, ha podido sobrevivir y se encuentra hospitalizada con contusiones y quemaduras. Los fallecidos son Roberto Edgardo Videla, argentino de 39 años; su mujer Marta Liliana Saa Lazo, chilena también de 39 años y sus hijos Exequiel Andrés, de 9 años, y Katherine Alexandra, de 8.
La explosión dejó en ruinas el edificio lo que dificultó las labores de desescombro y recogida de cuerpos. Después de siete horas de búsqueda, los bomberos pudieron encontrar, en una habitación, los restos de dos cuerpos, muy afectados por el potente fuego que se declaró tras la explosión.
El hecho de que se tardaran tantas horas en acceder al lugar donde falleció la familia hace creer a los bomberos que los otros dos cuerpos hayan quedado reducidos a cenizas. Pero por el momento su situación es de 'desparecidos'.
La explosión, cuyo origen aún no se ha confirmado pero que pudo tener su origen en una bombona de butano, se registró a las 7 de la mañana, al parecer, en la cocina del tercer piso izquierda del inmueble.En esta casa vivía la familia fallecida con la madre del esposo. La cocina estaba situada en la parte central del piso y la explosión afectó con más intensidad a las habitaciones traseras de la vivienda, donde dormían la pareja y sus dos hijos.
La familia fallecida en vivía desde 2003 de alquiler en el piso siniestrado y sufría los efectos de la crisis, ya que el hombre estaba en el paro. La madre trabajaba como limpiadora e integraban una familia muy apreciada entre sus vecinos.
La deflagración fue de tal intensidad que reventó los dos últimos, pisos cuyas plantas se derrumbaron unas sobre otras, y provocó un incendio que los bomberos tardaron varias horas en sofocar. El edificio ha quedado en tal estado que es necesario llevar a cabo su demolición.
Los residentes se encuentran alojados con sus familias o en hoteles puestos a su disposición por el ayuntamiento. El domingo se les permitió recoger parte de sus enseres.