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"Las secuelas en las víctimas de un secuestro de años son de por vida"

", mientras que secuestradores como Fritzl no son enfermos. No tienen perfil psiquiátrico común, simplemente la persona secuestrada es de su posesión". El doctor Cabrera resume perfectamente los perfiles y su sentimiento de posesión sobre su víctima.  El secuestrador de Jaycee Lee padece un delirio religioso y es un enfermo mental
Josef Fritzl mantuvo a Elisabeth 24 años encerrada en un sótano. Philip Garrido hizo prisionera a Jaycee 18 años en su jardín. Ambos tuvieron hijos con ellas fruto de los abusos. Sin embargo las diferencias son significativas para Cabrera. "No tiene nada que ver la cultura ni la situación económica en casos como el de Fritzl y el del sujeto estadounidense".
Para José Cabrera, Fritzl "sería un sociópata o un psicópata falto de afectividad, una regresión en la especie". Las causas de este tipo de comportamientos en casos como el austríaco se deben a situaciones familiares conflictivas. "El aprendizaje no cala en estos sujetos, suelen ser bastante inteligentes. Tiene como elemento común un origen familiar muy complicado en un 90 % de los casos", concluye.
Son las víctimas quienes comparten secuelas comunes para este psiquiatra . "Las secuelas en las víctimas son de por vida. Cuando se secuestra a una persona que no tiene formada su personalidad y pasa sus primeras vivencias encerrada es terrible. Podrán acomodarse un poquito al nuevo entorno pero el trauma será de por vida", explica Cabrera.
Sobre casos como el de Fritzl o el llamado 'monstruo de mariquita', el doctor Cabrera prefiere pedir calma al explicar la rareza de estos sucesos. "Son casos extraordinariamente raros a lo largo de la humanidad. El niño propio es una especie de tabú. Cada cinco años puede ocurrir alguno. El padre secuestrador tiene un perfil más sociopático porque creen que el hijo es de su propiedad. Ese es el perfil de Josef Fritzl".
El arrepentimiento es un elemento que no aparece en casos como el del 'monstruo de Amstetten' según este psiquiatra. "En el sociopata el arrepentimiento no existe, en el enfermo mental si se somete a tratamiento. En el primer caso, el sujeto es consciente de sus actos y en el segundo caso el sujeto no es consciente". En definitiva, perfiles diferentes para los mismos horrores y secuelas hermanas.