Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Una gestión sostenible de la pesca supondría tener proteínas para alimentar a 500 millones de personas, según experto

Gestionar de forma sostenible y óptima la pesca a nivel mundial aumentaría la biomasa relativa en 619 millones de toneladas y permitiría incrementar las capturas en 16 millones de toneladas de pescado más, lo que se traduciría en proporcionar proteínas a 500 millones de habitantes del planeta, según el científico estadounidense Ray Hilborn.
Hilborn, biólogo de la Universidad de Washington, ha participado este martes en un encuentro organizado por CEPESCA, donde ha explicado que la salud y la productividad de los océanos son compatibles.
El profesor de ciencia pesquera ha analizado más de 4.500 pesquerías de todo el mundo y ha aplicado una serie de modelos bioeconómicos. "La mayoría de las grandes pesquerías del mundo lo están haciendo relativamente bien, pero es urgente remodelar muchas pesquerías locales, mayoritariamente de países en desarrollo, en los que millones de personas tienen en la pesca no solo una fuente de alimentación, sino también su medio de vida", ha manifestado.
En este contexto ha defendido la necesidad de cambiar la visión sobre los recursos pesqueros y considerar que son una fuente de alimento que contribuya al bienestar humano. Por ello, aboga por la gestión eficiente de la actividad pesquera frente a las "políticas simplistas de prohibición" que, en su opinión "carecen de sentido" porque no tienen en cuenta el impacto ambiental que supondría la ausencia de pescado en la dieta humana.
Así, ha destacado que sustituir las proteínas que aporta el pescado a la dieta exigiría aumentar la explotación de otras fuentes como la ganadería, cuyo impacto ambiental es "aún mayor" y emite más gases de efecto invernadero.
Asimismo, ha apostado por "desmontar" los "cuatro grandes mitos" que defienden algunas organizaciones ambientales y otros grupos de presión en torno a la pesca.
Según Hilborn, los cuatro mitos son que los stocks pesqueros están reduciéndose a escala global; que la mayoría de las pesquerías se gestionan de forma insostenible; que la actividad pesquera destruye el medio ambiente; y que la mejor manera de proteger los océanos consiste en la prohibición de esta actividad.
En concreto, sobre los dos primeros, considera "absurdo" generalizar porque cada océano, pesquería y especie son "realidades diferentes" que requieren políticas de gestión distintas y definidas en base a un conocimiento científico.
Igualmente, sobre la insostenibilidad de la actual gestión de las pesquerías ha dicho que es un "mito peligroso" que pone en entredicho la "importante labor de gestión de la mayoría de las pesquerías llevada a cabo en países desarrollados y cuyo principio básico es, justamente, la sostenibilidad".
Respecto al tercero, Hilborn apunta que afirmar que la actividad pesquera destruye el medio ambiente equivale a decir que la agricultura tiene el mismo efecto. En su opinión, la actividad pesquera modifica el entorno, pero "generalmente no reduce la productividad".
Por último, ha insistido en que la mejor protección de los océanos pasa por una gestión eficiente y mediante la aplicación de programas en este sentido "los stocks se mantienen estables o aumentan".
Igualmente, ha valorado que la ausencia de datos científicos produce problemas como los del Mediterráneo, la costa noroeste de África o las aguas del sur y sureste asiático, cuyos stocks no tienen ninguna representación en las evaluaciones, "y es, justamente, en estas zonas donde es común la sobrepesca debido, en gran medida, a que se carece de medidas de gestión efectivas".
Por último, ha abogado por el equilibrio en la pesca y ha expresado su rechazo a la "inconsistente la demonización de la pesca de arrastre", de la que asegura que su impacto en los fondos marinos "es mínimo".