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Google quiere empleados felices

Joaquín Cuenca es un chico joven, pero no es ningún niño. Sin embargo, cada mediodía se levanta de su puesto de trabajo y se desliza raudo por un tobogán que le lleva directamente al comedor de su empresa. ¿Para qué perder tiempo cuando la bestia del hambre llama al estómago?
Su amigo y socio, Eduardo Manchón, hace lo mismo. Pero él utiliza una barra vertical, como las que hay en los parques de bomberos, que conecta el segundo piso con la sala de juegos. Una relajante partida al billar en momentos de máxima presión laboral es mano de santo.
Ni Joaquín ni Eduardo trabajan en un parque de atracciones, sino en una de las empresas más innovadoras del momento. Google, el mayor proveedor de información del mundo, nos abre las puertas de su cuartel general en Zürich, el centro de desarrollo más importante que esta compañía norteamericana tiene fuera de los Estados Unidos.
Fue una antigua cervecera de ladrillos oscuros , instalada junto al tren que conecta esta ciudad suiza con las poblaciones cercanas. El buscador decidió instalarse allí y poner en marcha su peculiar forma de manejar los recursos humanos.
Área de masajes, espacios chill out y una buena siesta
Hoy los colores lo inundan todo. El espacio está lleno de extrañas salas de reuniones con forma de iglú, de teleférico o de chalé suizo. Muchas de las paredes son pizarras en las que apuntar esa idea que surge cuando uno menos se lo espera.
Ya hemos citado las salas de juego y los toboganes, pero no que también existe un gimnasio, un bar con bebidas gratis, un área de masajes (bonificados por la empresa), una biblioteca y una especie de chill out -con cómodas butacas, luz tenue y pecera- para esquivar el estrés laboral. Se ve que Google entiende a la perfección los beneficios que añade al trabajo la milenaria cultura de la siesta.
Empleado contento, empleado más creativo y a la larga mucho más productivo para la empresa. Ésta es, en definitiva, la filosofía de gestión que practica la compañía. Porque no son sólo las instalaciones, sino también las opciones que dan al empleado para que rinda lo más posible.
Son más de 300 informáticos (ellos alardean de que tienen en plantilla a las mejores mentes del mundo en lo suyo) y hay que mimarlos. Pueden disponer, por ejemplo, del 20% de su jornada semanal o mensual para pensar en otras tareas que no tengan nada que ver con el trabajo que tienen entre manos. De este sistema, han salido aplicaciones muy exitosas para Google, como el correo gratuito Gmail o el GoogleMaps.
Aquellos con niños o perros (no gatos) bien educados, pueden llevarlos a la oficina, lo que aseguran- mejora enormemente el ambiente laboral.
En definitiva, una experiencia que todo director de Recursos Humanos debería, al menos, estudiar. Porque lo cierto es que, con políticas como ésta, Google ha sabido sortear de momento la crisis mundial: hace poco anunció que sus beneficios aumentaron un 30%.