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La circulación del océano, implicada en los cambios bruscos del clima durante la última edad de hielo

Hubo un periodo durante la última edad de hielo en el que las temperaturas en el hemisferio norte oscilaron como una montaña rusa, cayendo y luego subiendo de nuevo cada 1.500 años más o menos, causando estragos en los ecosistemas, pero cuya causa ha sido un misterio. Nueva evidencia publicada esta semana en la revista 'Science' muestra que la circulación de retorno del océano se desaceleró durante cada una de esas caídas en picado de la temperatura, a veces casi hasta detenerse.
"Se ha supuesto mucho este vínculo entre la circulación de retorno y estos eventos climáticos abruptos. Esta evidencia implica al océano", subraya el autor principal del estudio, L. Gen Henry, estudiante graduado en el Observatorio de la Tierra Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos.
El impacto de los cambios en la circulación de retorno del océano en el clima se ha convertido en un tema candente en la actualidad a medida que las temperaturas globales aumentan y la fusión de hielo marino y glaciares añaden agua dulce al Atlántico Norte. Un estudio de 2015 sugirió que el enfriamiento en el Atlántico Norte puede deberse a una reducción en la circulación de retorno, mientras que un estudio 2016 planteó que no había suficiente agua dulce para tener un efecto.
El nuevo trabajo explora lo que le pasó a la circulación del océano cuando la Tierra pasó por una serie de cambios climáticos bruscos en el pasado durante un tiempo en el que el hielo cubría parte de América del Norte y las temperaturas eran mucho más frías que hoy. Se analizó la circulación de retorno del Atlántico Meridional, que distribuye el calor a medida que avanza el agua caliente de la superficie de los trópicos hacia Groenlandia y las altas latitudes del norte y lleva agua profunda más fría del Atlántico Norte hacia el sur.
Mediante el uso de trazadores químicos en el sedimento que se acumula en el fondo del mar con el tiempo, Henry y sus colaboradores pudieron documentar la velocidad relativa de la circulación de retorno meridional atlántica durante cada cambio climático abrupto durante la última edad de hielo.
Los trazadores químicos mostraron que la velocidad de la circulación de retorno del océano cambió primer, y que la temperatura superficial del mar lo hizo un tiempo más tarde. Eso sugiere que el enfriamiento puede comenzar con cambios en la circulación oceánica, que influyen en la superficie del mar del norte y la atmósfera, señala el coautor Jerry McManus, profesor en el Observatorio de la Tierra Lamont-Doherty.
EL CLIMA DEL NORTE SE ENFRÍA ANTES QUE EL DEL SUR
La evidencia de núcleos de hielo y sedimentos de aguas profundas ha demostrado que el clima del norte también se enfría antes que el clima del sur durante estos cambios bruscos, provocando un proceso de oscilación bipolar, con el enfriamiento del norte mientras que sur estaba caliente, y el enfriamiento del sur a media que el norte se calentaba.
Los científicos hacen hincapié en que se necesita más trabajo para determinar si las variaciones en la circulación oceánica iniciaron los cambios climáticos abruptos o eran un efecto intermediario inicialmente desencadenado por algo más. "Nuestro estudio apoya la idea de que los cambios en la circulación oceánica eran al menos en parte responsables de causar cambios bruscos en el clima. Sin embargo, lo que a su vez causó esos cambios en la circulación sigue siendo un misterio", reconoce Henry.
Tampoco está claro por qué estos cambios bruscos de clima, también visto en anteriores edades de hielo, no han ocurrido en los últimos 10.000 años. La inestabilidad parece ocurrir sólo en ciertos intervalos de temperatura y cuando hay una gran cantidad de hielo terrestre que podría contribuir aportando agua dulce.
La serie de cambios climáticos abruptos estudiados aquí se produjo hace entre 60.000 y 25.000 años, terminando cuando la última edad de hielo alcanzó su punto máximo. Cada uno siguió un patrón general en el hemisferio norte: el enfriamiento ocurrió entre durante cientos de años y mil años, momento en el que las temperaturas gélidas persistieron durante unos pocos cientos de años, detalla McManus. Una vez iniciado el calentamiento, sucedió muy rápidamente, con un aumento de 3 a 6 grados centígrados en la temperatura superficial del mar y los cambios más grandes sobre Groenlandia en un lapso de décadas.
Durante cada enfriamiento del norte, la circulación de retorno se ralentizó, por lo que no llevaba tanto calor desde los trópicos y el hemisferio sur hacia el norte, según muestra el estudio. Los trazadores químicos también sugieren que la circulación se redujo hasta casi detenerse durante eventos conocidos como Heinrich, con grandes cantidades de icebergs que se desprendieron y se apartaron de la capa de hielo Laurentino, que cubría una gran parte de América del Norte en ese momento.
Los icebergs llevan agua dulce que puede afectar a la circulación oceánica y los modelos informáticos han sugerido que añadir una cantidad de agua dulce al Atlántico podría cerrar la circulación. Así, la investigación futura deberá centrarse en descubrir qué influencia tuvieron los icebergs tuvieron durante estos periodos.