Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

"Uno es torero cuando se siente grande"

Alejandro comienza la temporada con un objetivo muy claro, "destacar en los cosos de primera, Madrid, Sevilla, Barcelona... porque estas son las apuestas que me motivan y me dan fuerza". Este año, además, no ha viajado a América para preparar la temporada aquí y asimilar todo lo que había pasado".
Con esta filosofía, Talavante no se amedrenta ante uno de sus grandes retos del año, su encierro en Las Ventas con seis toros. Asegura que aún no lo tiene muy asimilado pero que cuando llegue el momento "estaré preparado, la clave es el primer toro después todo va rodado". Para preparar esta corrida tampoco hace nada muy diferente, "mucho toreo de salón, como siempre" y "matar siete toros seguidos en el campo".
El próximo 12 de abril llegará tarde a Las Ventas, como siempre hace, es una de sus manías, "para no estar mucho tiempo en el patio de cuadrillas y evitar las preguntas de la gente que te sacan de la corrida". Alejandro hace yoga y estiramientos antes de los festejos, "para salir relajado" e intenta evitar los ascensores cuando va vestido de luces "porque además no pega mucho".
"No hay ni mejor ni peor, cada uno tiene su sitio"
"El culpable de ser torero soy yo", dice, aunque reconoce que el que le metió el gusanillo en el cuerpo fue su abuelo, cuando le llevaba a los toros y le descubrió "el transfondo que tiene todo esto". La primera vez que pisó una plaza de toros fue a ver "al bombero torero y me impresionó", luego fue a ver a José Tomás en Badajoz "me entusiasmó la forma en que se jugaba la vida lentamente".
Así, con 16 años comenzó a torear y a triunfar como novillero. Reconoce que ha evolucionado mucho porque "los toreros no sabemos más por viejos si no por perros porque hemos vivido mucho".
Todas estas vivencias son las que han hecho de él un torero, pero sobre todo "uno es torero cuando se siente grande y cuando sientes que lo que haces es especial porque es muy difícil de conseguir". Por eso no le gusta elegir un torero, todos los que han destacado tienen algo distinto, "no hay ni mejor ni peor, cada uno tiene su sitio".
"Las medallas de verdad son las cornadas"
Tampoco se moja a la hora de hablar de la polémica medalla a Francisco Rivera Ordóñez, "creo que las medallas de verdad son las cornadas, las que importan". ¿Con quién haría el paseillo con José Tomás o con Francisco Rivera? "Con Paco Camino", responde.
En cambio si se "indigna" cuando le hablan de los toros retocados, "es absurdo, con lo que vale un toro de lidia nadie se atreve ha hacerlo, el toro viene íntegro, es una leyenda urbana, te garantizo que los pitones son finos".
Se define como un torero ambicioso, "aunque no lo parezca, creo que la gente a veces no me entiende, pero ya se dará cuenta", dice. A pesar de su juventud tiene las cosas claras y reconoce que "ahora tengo que ser egoista".