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Alternativa que ni soñada

El diestro Juan Antonio Siro tomó la alternativa en su tierra a lo grande, con una actuación rotunda y pletórica que le valió cuatro orejas y la salida a hombros por la Puerta del Toro del coso de "La Glorieta", en Salamanca.
Inesperada alternativa de Juan Antonio Siro, que apenas ha toreado este año cinco novilladas con picadores. Se le ofreció doctorarse en el puesto que dejaba vacante el lesionado Manuel Jesús "El Cid". Todo muy precipitado, sin tiempo prácticamente para asimilar las vísperas de algo tan trascendental.
Pero era lo que había. De otra manera hubiera sido imposible estar en los carteles, y lo prueban las críticas que ha recibido la empresa al dar a conocer su nombre. Parece que Perera quería un torero por delante, y era la mejor solución.
El caso es que desde el primer momento empezaron a salirle bien las cosas a Siro. Una alternativa que ni soñada, con dos figuras del toreo y una ganadería de lujo.
De los seis toros del Puerto, embistieron dos, precisamente el lote del toricantano. Estuvo bien el nuevo matador de toros y la gente con él. En pocas palabras: vino Dios a verle, y él ha sabido recibirle.
Se notaron los nervios al torear de capote al de la ceremonia. Prisas, consecuencia también de las ganas, la raza incontenida. Desarme y volteretón en una larga cambiada. Pero una vez que tomó la muleta se fue templando Siro, cada vez más centrado, las ideas muy claras y el corazón cada vez más frío.
Toreó despacio y toreó bonito. Y cuando hubo que tragar también lo hizo en dos frenadas del toro en las postrimerías. Toro noble, bravito y muy a modo. Y faena más que digna. No es tiempo ahora de poner pegas a la segunda oreja, incluso de la vuelta al ruedo al toro. Fue una buena manera de celebrar la alternativa de un nuevo torero de la tierra.
Aunque lo sorprendente vino con el sexto, toro que dio mucho de sí. Y aquí Siro pareció torero más avezado. Estuvo otra vez de rodillas en dos largas cambiadas, lanceando ya de pie con notable soltura. Y con la muleta ahora mucho más tranquilo, reposado y limpio, la figura muy encajada, el sentido de la distancia, el gusto en la interpretación.
El toro lo merecía, pero había que estar ahí con tan escaso bagaje. Siro esta vez convenció de sobra. Los últimos naturales, con la faena ya más que definida, llevaron sello de torero importante. Otra vez la espada, su gran aliada. Las segundas dos orejas tuvieron verdadero peso.
El resto de la corrida estuvo condicionado por las nulas posibilidades del ganado. Perera sorteó dos mansos redomados. Se esforzó una barbaridad con su huidizo primero, total para un par de tandas en la querencia que merecieron algo la pena.
Igual de tenaz en el cuarto, que se defendía mucho, protestaba por arriba y se venía al suelo bajándole la mano. Lo más interesante, un proyecto de parón que, no obstante, la mayoría de la plaza consideró insuficiente, como prueban los pitos contra "el palco" por concederle la oreja que el torero de la Puebla de Prior, en gesto que le honra, no paseó en la vuelta al ruedo.
Cayetano no tuvo su tarde porque tampoco tuvo toros. En realidad no estuvo mal, sino que sencillamente no estuvo pues no se podía estar. Su primero, amigo de las tablas, no "se dejó" ni en la querencia. El quinto, gazapón, fue de lo más desconcertante. No servía el toro y tampoco se comprometió el torero.