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Adri quiere confesar

La recién estrenada esposa de Diego de la Vega está empeñada en confesar su implicación en el robo de las joyas Kaussman para ayudar a su padre, encarcelado por este asunto. Diego habla con Claudio para que convenza a Adri de que no confiese; lo consigue, pero ella descubre un papel muy comprometedor para su marido...
La tozudez de Adriana desespera a Diego: se le ha metido entre ceja y ceja confesar su participación en el robo de las Joyas Kaussman como única forma de aliviar la situación de su padre. Tras mucho estrujarse el cerebro, Diego recurre precisamente a Claudio, que es quien consigue convencer a Adri apelando a sus errores como padre en el pasado. Para alegría de Diego, ella decide dejar las cosas como están, hasta que un papelito muy comprometedor se desliza de la chaqueta de su marido...
Adri y Marga, por su parte, están totalmente focalizadas en el lanzamiento de su negocio de estilismo. El primer paso es caerle en gracia a Raimunda, la pescadera, una especie de líder de opinión en el barrio. Lo irónico es que no son las habilidades de Chali con las tijeras las que abren las puertas del éxito, sino la buena mano de Marga en la cocina. La batalla de egos está servida.
Y, por último, Richard, que vaga como alma en pena en busca del aval bancario que Garcilaso, manipulado por Alicia, le exige como condición sine qua non para alquilarle la ansiada oficina. Una pequeña debilidad de Garci (las jovenzuelas), casi descubierta por la temible Mari Angustias (su esposa), permite a Richard ejercer de salvador y presionar al empresario para que no sea tan estricto en sus requisitos. Una vez conseguida la oficina, la guerra frontal con Alicia es sólo cuestión de tiempo...