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'La Caja', el reality de las emociones

¿Puede la televisión entrar en la mente de una persona?; ¿puede revisar su alma?, ¿interpretar su corazón? ¿Es realmente libre un concursante de un reality?
Ya lo auguraba George Orwell en su obra '1984': un ente desconocido sabría no sólo todos nuestros movimientos, sino también nuestras emociones. No podría leer el pensamiento, pero sí intuirlo por pequeños gestos, por mínimas reacciones de la que los individuos no son conscientes. Ese ente desconocido es la audiencia, un número elevado de individuos convertidos momentáneamente en espectadores.
Orwell fue un visionario que únicamente se equivocó en la fecha en la que ese nuevo mundo estaría en marcha. Su utopía se convirtió en realidad, pero en una realidad televisiva y, por tanto, condicionada a un espacio-tiempo diseñado; el paso se llevó a cabo en el año 1999, cuando ese ente desconocido al que el autor denominaba gran hermano se convirtió en el nombre de un programa que ha marcado un antes y un después en la historia de la televisión. Desde entonces, los espacios de telerealidad se multiplicaron en las cadenas de todo el mundo y el motivo es que aportan algo que nunca antes se había visto en la pequeña pantalla: sentimientos reales. Más allá de la emotiva reacción momentánea por ganar un premio en un concurso al uso o de las pasiones estudiadas de una serie de ficción o una película, los espectadores han asistido, en la última década, a intensos enamoramientos en 'Gran Hermano', al esfuerzo por alcanzar un sueño en 'Operación triunfo', a la lucha por la resistencia en 'Supervivientes'... han observado la exteriorización de sentimientos en forma de lágrimas, de risas, de besos, de abrazos...
La diferencia fundamental de las utopías imaginadas por George Orwell y Aldous Huxley (otro visionario, autor de 'Un mundo feliz') con la realidad televisada de nuestros días es que los integrantes de ésta son libres. Entran voluntariamente en un concurso y regresarán a su vida cotidiana tras permanecer en él varios días o incluso meses para conseguir un objetivo, bien sea una recompensa económica o bien el reconocimiento público y la popularidad.
El premio que ofrece 'La Caja' es inmaterial y mucho más valioso: ofrece libertad . Con una ayuda psicológica a la que no todo el mundo puede acceder, un equipo de profesionales ayuda al participante a superar sus ataduras, a no ponerse impedimentos a sí mismo.
Los habitantes de '1984' y de 'Un mundo feliz' no podían manifestar sentimientos, pues con ellos pondrían en peligro sus respectivos mundos, tecnológicamente perfectos; la televisión busca lo contrario, intenta mostrar el interior de quienes se introducen en su universo, moradores que aceptan libremente las condiciones y que, casi siempre, consiguen el reto, palpan el sueño.