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Cuestión de imagen

Cada vez queda menos para las vacaciones de verano y Sonia cree haber ganado algunos kilos. Así se compra una báscula y se pone en marcha pero la ejecutiva acaba obsesionándose con su imagen.
Pasados unos meses de convivencia, Sonia se mira al espejo y cree advertir algunos kilos de más en ciertas partes de su cuerpo. Desde entonces, la ejecutiva se obsesiona con su imagen y toma medidas desesperadas para recuperar su tan preciada figura.
 
En primer lugar, decide comprar una báscula, pero no cualquiera sino la más cara de la tienda. 1.350 euros por una máquina que habla y calcula los kilos que has de perder para tener una espléndida figura.
 
Sin embargo Sonia, cuando se atreve a estrenar su última adquisición, recibe una sorpresa no muy grata: "pesa usted 62 kilos, midiendo 1.72 centímetros tiene que perder 10 kilos, tiene sobrepeso". La indignación provoca que la ejecutiva golpee la báscula hasta rendirse.
 
Tras la afirmación de la báscula, decide consultar a su gran amiga Berta. Pero, ¿qué dice una amiga a otra si en realidad cree que ha cogido algún que otro kilo de más? En el caso de Berta, escucha enferma los comentarios de su amiga e intenta tranquilizarla: "te veo como siempre, Sonia, pero me suelo fijar mucho más en Ramón". Sólo se le ocurre decirle algo "hazle un feo a la báscula. Insúltala, verás como no te contesta".
 
Pero la situación más difícil ha de afrontarla la pareja. Cuando Miguel llega a casa se encuentra con una gran avalancha de su novia quien, corriendo sobre una cinta, le pregunta si la ve más gorda. Miguel, reacciona pronto "¡Pero si estás más bonita que nunca!, la báscula estará mal".
 
Sin embargo, la actitud de Miki cambiará cuando el escritor sepa cuánto ha costado la famosa báscula: 1.350 euros "más vale que la maquinita te diga: gilipollas te han timado porque por 25 céntimos te pesas en cualquier sitio".