Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Raphael, una parodia de sí mismo

Niño prodigio que fue galardonado por primera vez en un festival internacional a los nueve años y cantante de éxito número uno en ventas durante décadas, Raphael otorga a sus actuaciones un sello inconfundible que lo hace único, pero no inimitable.
¿Quién es Raphael? La mayoría respondería que un cantante español de éxito; alguno añadiría que es actor, pero es mucho más que todo eso. Raphael es un artista polifacético, mejor danzarín que el más encumbrado cuerpo de baile de Bollywood, con mayor fuerza en el escenario que Beyoncé y de arriesgadas coreografías que podrían haber servido de inspiración al baile del gorila de Melody.
Excentricidades sobre el escenario aparte, la profesionalidad como vocalista de Rapahel es fruto de una temprana formación y de un don innato. A los nueve años recibió el premio a la mejor voz infantil de Europa tras participar en un festival celebrado en la ciudad austriaca de Salzburgo. Poco más de un lustro después, vuelve a ser el mejor intérprete en el IV Festival de la Canción de Benirdorm, evento que le proporcionó el primer paso hacia el éxito. Una decisión de esta época que marcaría su carrera profesional es la de asociarse al compositor y pianista Manuel Alejandro, autor de algunas de sus canciones más conocidas: ‘Yo soy aquel’, ‘Qué sabe nadie’, ‘Digan lo que digan’ y ‘Cuando tú no estás’, entre otras.
Gracias a la popularidad que empieza a cosechar en España, acude en 1970 al ‘Show de Ed Sullivan’, de la CBS, uno de los programas de mayor audiencia en Estados Unidos. Ed Sullivan le dio la oportunidad de presentar en varias ocasiones algunos de sus temas y los cantó tanto en español como en inglés y en italiano.
En medio de una carrera ascendente, con diversas incursiones en el cine y un matrimonio –con Natalia Figueroa, en 1972- que le ha aportado felicidad y tres hijos, salió a la venta, a principios de los 90, el que se ha convertido en el emblema del artista: el single ‘Escándalo’, compuesto por Willy Chirino, que llegó a ser número uno en ventas incluso en Japón. Su fama y popularidad se vieron entonces en su mejor momento y el cantante aprovechó el tirón para convertirse, además de en artista –que ya lo era-, en una marca. Objetivo fácil de humoristas, parece, en ocasiones, una parodia de sí mismo.
1 Raphael, más allá de la canción –aspecto éste en el que su valía es incuestionable-, se ensalza en el escenario. Es capaz de recubrirse con su disfraz y aparecer como una estrella, pero una estrella familiar. Es familiar porque en todas las casas (ya se sabe que en ellas cuecen habas) siempre hay un tío, un padre, un abuelo… encargado de amenizar bodas, bautizos y comuniones. Es habitual en este tipo de festejos encontrarse con que el animador en cuestión, como iluminado de repente por un mensaje celestial, se levante para bailar con los sobrinos, nietos o bisnietos y demostrar a todos lo moderno que es en la pista; ¿no habéis visto nunca el baile de la gallina? Consiste en mover las piernas de manera arrítmica y los brazos, semiflexionados, de arriba abajo; si quieres ver a Raphael ahuecando el ala, pincha aquí.
Movimientos exagerados, chaqueta al aire, ojos inquietos, muecas grotescas fruto de una vocalización desmesurada… Todo esto ha sido objeto de parodias desde hace años, pero son marca inconfundible de Raphael, un artista de los pies a la cabeza que sabe que con la voz no basta para llegar al público. Un hombre que es imitación de sí mismo. Un cantante que, precisamente por todo esto, forma ya parte de la historia de la música ligera española.