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Transgénicos: manipulación genética artificial

La palabra transgénico para muchos aún encierra un significado dudoso, o de complicada asimilación. Sugiere una intervención científica, pero muchas veces provoca confusión en la opinión pública. En realidad, un transgénico es un Organismo Modificado Genéticamente, y por eso mismo, se le puede denominar también por las siglas OMG.
Por medio de una manipulación genética, es posible crear algo que no existe de forma natural, aislando segmentos de ADN de un ser vivo, e introduciéndolos en el material hereditario de otro. El organismo resultante tendrá las características genéticas de ambos. Por ejemplo, el maíz transgénico que se produce en España lleva genes de una bacteria que le permite producir una sustancia insecticida.
Estas técnicas permiten franquear las barreras entre especies y crear otras nuevas. Se trata, pues, de un experimento a gran escala de dudoso rigor científico. El problema de los transgénicos es que se encuentran presentes en la cadena alimentaria, es decir, en nuestros alimentos y en los animales cuyos derivados consumimos. Pero, sobre todo, la existencia de estos organismos transgénicos tiene importantes repercusiones sobre la salud, el medio ambiente e incluso la economía, a escala mundial.
Transgénicos en el plato
Existen muchos casos de alimentos y piensos transgénicos en nuestra cadena alimentaria. Por ejemplo, el maíz, la soja y sus derivados industriales están presentes en más del 60% de los alimentos transformados, desde el chocolate hasta las patatas fritas, pasando por la margarina y los platos preparados.
Los únicos transgénicos permitidos en la Unión Europea para consumo humano son la soja y el maíz. La UE obliga a etiquetar convenientemente estos productos derivados de cosechas transgénicas. Pero existe un vacío legal en cuanto a los productos alimentarios (carne, huevos, leche) que proceden de animales alimentados con transgénicos.
Los riesgos sanitarios a largo plazo de los transgénicos, presentes en nuestra alimentación o en la de los animales cuyos productos consumimos, no se están evaluando correctamente, y su alcance sigue siendo desconocido. Nuevas alergias, aparición de nuevos tóxicos, de resistencia a los antibióticos en las bacterias y efectos inesperados son algunos de estos riesgos.