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¿Víctimas sin protección?

En octubre de 2002, Lucía Murillo es violada y está a punto de morir. Todo ocurre de madrugada, cuando un joven la asalta con un cuchillo y la introduce en su coche. Intenta salir de él mientras su agresor conduce hasta las afueras de Martorell, pero las puertas están bloqueadas.
 
 
 
Semidesnuda, herida y horrorizada, camina más de tres kilómetros por la carretera hasta que un vecino la socorre. Lucía denuncia los hechos a la Guardía Civil, la mujer ha memorizado muy bien el rostro de su agresor porque no llevaba la cara tapada. Relata que es un varón de unos treinta años, de complexión normal con bigote y perilla. Pero, lo más importante es que recuerda parte de la matrícula y el color del coche de su agresor. Además, en su declaración asegura que el agresor lleva un 'pirsín' en la ceja izquierda, un tatuaje de dos rosas y un puñal que lleva en un hombro, otro tatuaje de un dragón que lleva en el hombro derecho.
 
 
Gracias a todos los detalles que aporta Lucía, la policía consigue tener un retrato robot perfecto de cómo es el agresor pero además, antes de intentar matarla consigue sonsacarla el código secreto de su tarjeta de crédito. Confiado porque cree que después de asesinar a su víctima nadie le reconocerá, saca dinero de un cajero y una cámara le graba la cara. Una imagen que sirvió para que Lucía le identificara.
 
 
La policía cita a Lucía y a Montse a una rueda de reconocimiento y ambas mujeres identifican sin ningún género de dudas a Tomás Pardo Caro cómo su agresor. Pero, la Guardía Civil tiene más pruebas contra Tomás, en el coche de la primera víctima, los agentes encuentras varias huellas dactilares del agresor. Además, descubren que el mismo día de los hechos, Tomás le había regalado el teléfono móvil que había robado a Lucía.
Una semana después lo detienen y tras confesar las dos agresiones ante el juez, ingresa en prisión. Dos años después, un error judicial permite que Tomás Pardo salga en libertad antes de que se celebre el juicio. Durante más de un mes las víctimas no pueden salir de casa sin ser acompañadas de un Guardía Civil. Finalmente, el tribunal condena a Tomás Pardo a 26 años de prisión.
Lucía cae al suelo y se hace la muerta. El joven se cree que la ha matado y la tira a una fosa y se marcha. Ella espera unos minutos para pedir ayuda.1
Tras la pista
El agresor es Tomás Pardo Caro, un joven de 28 años vecino de Martorell y sin antecedentes penales pero, Lucía no fue la única en ser atacada por Tomás aquel día. Tan sólo media hora antes intenta grabar a otra joven. Se trata de Montse, una víctima que consiguió escapar con la ayuda de sus vecinos.
Un error judicial