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Las autopsias de sus víctimas

El 'modus operandi' de Juan José Pérez Rangel refleja una frialdad inusitada. El empleo de bolsas de plástico, cuerdas y armas blancas, son una constante en sus crímenes. Un asesino en serie que deja, con sus ataques, 'mensajes' invisibles que salen a la luz gracias a las autopsias.
Mª Ángeles Ribot
La policía encontró el cuerpo de la primera víctima de Juan José Pérez Rangel en el sótano del parking, semi atado, cubierto con una bolsa de tamaño industrial. Junto al él, una colilla, aunque no es la única que se encuentra en la escena del crimen. Todo el lugar estaba lleno de restos de sangre. Una marca de zapato había quedado impresa sobre la sangre de la mujer. La enorme bolsa de basura también contiene numerosas gotas de sangre. Además, se observan las marcas que ha dejado el arma con la que ha matado a la víctima. La última foto retrata su abrigo manchado, especialmente en la parte superior. Coincide con las zonas dónde recibe mayor número de golpes y puñaladas. En el tórax y en la cabeza. En una de sus esquinas los agentes señalan la marca de zapato que el agresor deja en la prenda.
 
Los detalles de la autopsia son escalofriantes. La víctima recibió una treintena de cuchilladas. La mayoría superficiales pero, dos son más graves, la del costado y la del abdomen. Ninguna le causa la muerte pero aumentan su agonia. Lo que acaba con la vida de Mª Ángeles es un politraumatismo cráneo encefálico. Su agresor la golpea varias veces en la cabeza con algo parecido a un martillo de encofrador y esto le provoca varias fracturas en el cráneo y perdida de masa encefalica. Antes de morir, Mª Ángeles opuso mucha resistencia porque el cadáver presenta heridas profundas en las manos y golpes en los brazos que le realiza su agresor cuando ella intenta defenderse.
 
Mayte de Diego
 
La segunda víctima tenía 46 años y regentaba un gimnasio con su marido que estaba muy cerca del parking.  La escena de este segundo crimen es mucho más elaborada que la del primero. La víctima yacía muerta envuelta con una bolsa de basura en la cabeza, con los pies atados y las manos esposadas a la barandilla. La policía toma fotos de cada detalle. Observan que las marcas realizadas por el martillo son cuadradas con una pequeña semicircunferencia en uno de los lados, lo que indica, de nuevo, que es de encofrador. La segunda prueba es el cordón con el que el agresor ha sujetado la bolsa de basura al cuello de la víctima. En una fotografía se observan resto corporales adherido a la cuerda.
Fotografían también la hoja del diario 'La Vanguardia' que el asesino introduce en la boca de Mayte antes de amordazarla. 
 
Esta vez, Juan José Pérez Rangel encontró menos resistencia en su víctima. A diferecia Mª Ángeles, el cadáver de Mayte no presentaba ninguna cuchillada. El asesino le asestó más de 12 golpes en la cabeza que le ocasionaron una importante pérdida de masa encefálica que le provocó la muerte. Los golpes en la zona occipital son más superficiales, no son mortales, pero demuestran ensañamiento. A medida que pasan los minutos, los golpes son cada vez más fuertes. Los impactos que recibió en la zona parietal producen daños irreversibles, y en poco minutos, la muerte.