Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Un brutal asesinato lleno de huellas

Treinta y cinco horas después de la desaparición de Virginia Acebes, el tío de la joven haya su cuerpo sin vida. La imagen es tan dantesca, que no duda en tapar el cadáver con su chaqueta. Aparece en una cuneta, como había predicho su madre.
 
 
 
En el cuerpo de la joven se encontraron 53 heridas entre cuello y tórax. Seis cortes en el cuello dos de las cuales resultaron mortales por sí solas. El cuchillo le atraviesa la traquea y su propia sangre le provoca la asfixia. El pecho y el abdomen de Virginia presentan 45 cuchilladas. Los médicos apenas encuentran signos de defensa, aunque los datos clave que aporta la autopsia están en la piel de Virginia. En sus muslos hay material genético suficiente para encontrar el ADN del asesino, ya que la joven ha sido violada. En la otra pierna aparece un pelo de perro, posiblemente la mascota del criminal.
 
La ropa de la victima también aporta información. Los cortes que hay en el jersey ayudan a determinar el arma con el que se materializo el crimen. Un cuchillo, corto y pequeño. El miedo llega a la calle y la policía se ve obligada a tranquilizar a la población. 25 agentes trabajan en la investigación de esta muerte.
 
 
Resolver el asesinato es difícil y la policía agota sus vías de investigación seis meses después del homicidio. El paso del tiempo juega a favor de la policía, ya que el asesino cree que esta a salvo y vuelve a actuar. Intenta secuestrar a otra chica en la misma calle que a Virginia. Pero en esta ocasión, la joven memoriza parte de la matricula del vehículo y detalles del uniforme de trabajo del agresor.
 
Iba acompañado de un perro. Aunque son pocos datos, la Ertzaintza se centra en un joven de 24 años, residente en Sopelana, a 23 kilómetros de Bilbao. Se llama Luis Gabriel Muñoz. Es la primera vez que aparece un sospechoso tan claro. Se buscan desesperadamente pruebas en el vehículo del chico. Aunque, lo ha podido lavar en repetidas ocasiones, es un elemento clave.
 
La tapicería esta llena de pelos, a simple vista, de animal. Los pelos son de perro, del mismo al que pertenecían los encontrados sobre el cuerpo de Virginia. Hasta 10 colillas del cenicero del coche, en una de las cuales se encuentra ADN correspondiente al hallado en el cuerpo de la víctima. Las pruebas son tan claras que Luis Gabriel no aguanta la presión y se hunde. Confiesa todos los detalles del crimen de Virginia. Narra detalles que sólo puede saber él: cómo son asestadas las puñaladas, el orden de éstas, su trayectoria...
 
 
Tenía novia y trabajaba como peón en una obra. La novia no se lo podía creer, mantenían una relación ejemplar. Vida social pobre, inseguridades, agredir sexualmente a una mujer y después matarla, reafirma a ese tipo de personas. En el juicio, el acusado niega los hechos. El Tribunal lo condena a 30 años de prisión. El caso está cerrado.
 
Matar no es tan sencillo. Lo complicado reside en el momento en que se desea eliminar cualquier rastro del crimen.
Así sucedió todo
 
A las 3 de la madrugada, Virginia se despide de un grupo de amigas en la estación de Casco Viejo de Bilbao. Esta a punto de llegar a casa, cuando un hombre la ataca con un cuchillo y la obliga a subirse a su coche. Se dirigen hacia el Monte Artxanda, donde la obliga a bajarse del coche. Cruzan la carretera y descienden por el bosque. Tiene tanto miedo que en ningún momento intenta escapar. El agresor la tumba en el suelo y la arremete sexualmente. Él se separa mientras ella se viste, pero vuelve para asestarla una puñalada en el cuello. Ella se desvanece y piensa que esta muerta y se va. Pero desde lejos observa que la chica todavía se mueve. Golpea su cara con el puño y después le propina 8 puñaladas en el cuello, de las que elle intenta defenderse con las manos. Llega a apuñalarla hasta 53 veces y se asegura de que esta muerta.
 
Un crimen con ensañamiento
Tras el rastro del asesino
Vida aparentemente normal