Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Todo sobre el caso 'Palomero'

Un operativo al frente del cual está Gerardo Castilla interrumpe una cena familiar del constructor inmobiliario Justo Palomero para detenerlo por delitos fiscales. La policía pronto descubre que el empresario está implicado en asuntos mucho más turbios: en una de sus fábricas encuentran un álbum con 11 fotografías de hombres muertos de manera violenta y las fechas en que sus cuerpos fueron incinerados en los hornos de la fábrica.
Palomero accede a colaborar con la justicia, se acoge al programa de protección de testigos y es trasladado a una casa aislada en un pantano. Sus socios, entre los que destacan el banquero Alfonso Ares y la mecenas de las artes Margarita Heine, tratarán de evitar que la detención del constructor les salpique, para lo cual recurren a los servicios de un viejo conocido de San Fernando: el comisario Santonja.
En el episodio titulado 'Los peligros de la montaña', la detención de Santonja pone al comisario Castilla tras la pista de Alfonso Ares (Francesc Albiol) y Margarita Heine (Esperanza Roy), que han secuestrado a Palomero (Ángel de Andrés), el principal testigo de la investigación, después de golpear a Mikel.
Mientras, un confidente de Mikel es detenido por robar una lujosa pulsera. A cambio de un trato de favor, el delincuente colabora en la investigación poniendo a los policías sobre la pista de Joaquín Cairo, un ex-empresario al que Alfonso Ares arruinó la vida. Por su parte, Pepa descubre que las huellas dactilares del secuestrador de Palomero coinciden con un hombre muerto hace años y el comisario Castilla decide infiltrar a Marino en casa de Ares como guardaespaldas de su pareja.
Además, en el episodio titulado 'La dama de blanco', un anciano aparece muerto en la habitación de un hotel, esposado al cabecero de la cama y con una mordaza en la boca de corte sadomasoquista. Las cosas se complican cuando los policías de San Fernando descubren que se trata del secretario de un prefecto del Vaticano. Pepa logra identificar a otro de los cadáveres del álbum de fotos del constructor: un periodista chileno que seguía el rastro en España de la hija de un nazi, fundador de una colonia en aquel país que sirvió de centro de torturas durante el régimen de Pinochet.