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El cazador cazado

Saray Castillo Marín tiene 22 años y lleva tres en la prisión de Córdoba. Recién cumplida su mayoría de edad, la joven asesinó a sangre fría al ex guardia civil Félix Mendiano, en la madrugada del 27 de mayo de 2003. Sexo, obsesión odio y drogas son los ingredientes de su controvertida historia.
 
 
Saray utiliza el amor que siente Félix para consumir cocaína gratuitamente. Cuando el hombre se da cuenta de que se está aprovechando de él, empieza a acosarla. Una noche intenta secuestrarla con el objetivo de tener sexo con ella en su domicilio. Pero ella consigue escapar y logra regresar a su pueblo gracias a la ayuda de unos jóvenes.
 
 
El desencadenante es una nueva aparición del ex guardia civil, que amenaza a Saray en plena calle con violarla sin necesidad de que vaya drogada. Su madre es testigo de todo y entonces conoce el feroz acoso al que esta sometida su hija.
 
 
Ese mismo día al anochecer, decide quedar con Félix y, según ha dicho ella posteriormente, "se me fue la cabeza". Tomó un cuchillo de cocina de 22 centímetros que ocultó en su calcetín, con la intención de asesinar al hombre. "En ese momento ni pensaba en la cárcel, ni pensaba en que iba a matar a una persona. No sé, sólo pensaba en quitarme esa cosa de encima. Quería como ese odio, ese asco que yo sentía por mí misma por lo que había pasado, como que desapareciera".
 
 
La joven obedece y, aún vestida, se sitúa encima de Félix, que está desnudo y tumbado sobre la cama. Saca entonces el cuchillo que lleva en el calcetín y, con ambas manos, se lo clava a la altura del corazón, aprovechando que él había apagado todas las luces. Acto seguido, la joven sale corriendo de la casa y detrás va su víctima, pidiendo ayuda. En su camino cae varias veces, hasta que no logra levantarse de una de ellas. Morirá horas después en el hospital.
 
 
 
 
Después de lo acontecido, se siente agobiada y teme que el hombre pueda llegar a agredirla. Una noche en la que Saray se droga demasiado, Félix consigue violarla. A partir de entonces, ya no puede soportar que el joven la toque, por lo que el día 26 de mayo toma una decisión que cambiará el rumbo de su vida: acabar con su acosador.
Así sucedió todo
Se dirigen a la casa de Félix y, durante el camino, ella duda si será capaz de matarlo. Al llegar al chalet, él desea dirigirse directamente a la cama, pero ella insiste en que se duche. Mientras lo hace, Saray escapa a un descampado cercano, donde recibe una llamada del joven exigiéndola que vuelva.1
A pesar de haber cometido un asesinato, Saray no huye y espera a que lleguen agentes policiales a su casa para confesar que es ella la asesina del hombre. En su primera versión, cuenta a la Guardia Civil que cometió el crimen en defensa propia. Tras prestar declaración, la chica sale en libertad provisional. La policía confía inicialmente en la versión, pero los resultados de la autopsia generan las primeras dudas.
Evidencias en el cuerpo de la víctima
 
El cuerpo de la víctima tiene varias heridas. Entre ellas, golpes en piernas y brazos como consecuencia de las caídas que sufre tras salir malherido de su domicilio. Los médicos determinan que muere tras sufrir una parada cardiorrespiratoria. Y es que el cadáver tiene una puñalada de seis centímetros de longitud junto al esternón, puñalada que alcanza el corazón. A pesar de ello, los forenses no encuentran ninguna señal de forcejeo en el cuerpo de Félix.
 
El caso llena espacios en informativos y páginas en la prensa porque la violencia de género es ya un tema especialmente sensible y porque la agresora es muy joven, sólo cuenta con 18 años. La familia de Félix se muestra indignada porque la joven se encuentra en libertad. Mientras, Catalina Marín, madre de Saray, sostiene que su hija no quiso matar al hombre por voluntad propia. De hecho, para consolidar su versión, afirma que la joven sufrió un año de depresión y que tenía todo tipo de miedos, entre ellos, el de dormir sola y a oscuras.
En manos de la justicia
Cuando se celebra el juicio, la chica sigue manteniendo que asesinó a su agresor en defensa propia, pero en el domicilio de Félix no se encuentran signos de lucha. Tampoco en el cuerpo de Saray existen marcas de una supuesta agresión sexual.2
 
Durante el proceso, la joven no explica que hubiera sufrido abusos sexuales por parte del ex guardia civil. Los nueve miembros del jurado popular la condenan finalmente a 15 años de cárcel. Aurelia Ruiz, madre de la víctima, afirma que no puede perdonar a la asesina, pues cree que su hijo no sería capaz de hacerle daño a nadie. El abogado de Saray recurre la sentencia, pero la joven finalmente ingresa en prisión. Sufre un ataque de ansiedad y es trasladada a la cárcel en ambulancia, rodeada de familiares de la víctima que la increpan. La madre de Saray duda de la profesionalidad del abogado que la defendió, que ha pedido tres veces su indulto sin éxito alguno. 
 
"Me arrepiento de haber matado a una persona, pero no me arrepiento de que no esté hoy en día con nosotros. Porque creo que la Justicia hubiera estado 5 años en la cárcel y hubiera salido y hubiera hecho otra vez lo mismo con cualquier otra niña. Creo que donde está, está bien". Esas duras afirmaciones salían de boca de la homicida incluso estando entre rejas.
 
Saray ha intentado suicidarse en repetidas ocasiones durante su estancia en prisión y todavía tiene pesadillas con el hombre que, según ella, la violó. En palabras de Vicente Garrido, psicólogo criminalista, Saray no ha intentado suicidarse en ningún momento.