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Las claves de la risa

Su don y su ingenio, éstas son las únicas armas de las que muchas veces dispone un cómico para conseguir su objetivo: arrancar una carcajada. Por ello, para conseguir la risa del público el cómico ha de tener unas cualidades únicas, muchas veces innatas, que no son tanto 'ir de gracioso' como serlo en realidad. Pero, ¿qué es imprescindible para ser un buen humorista?
Un cómico no es un chistoso que únicamente narra de forma más o menos graciosa una determinada historia. Tampoco hay que 'ir de gracioso' ya que ésto puede tener un efecto en el público contrario al de la risa.
¿Innato?
Muchos de los grandes cómicos aseguran que la capacidad de provocar la risa es algo innato, un don con el que se nace y que no consigue hacerse.
Sin embargo, hay que tener tablas sobre el escenario por lo que un don no basta sino que el buen cómico ha de tener una formación previa. Se trata de una paradoja pero, para representar un personaje humorístico hay que interpretarlo con seriedad.
El ingeniero de la risa
Una carcajada, algo tan simple pero tan difícil de conseguir. Cuando el público se expone a un espectáculo cómico, está predispuesto a evadirse, olvidar las preocupaciones y divertirse, pero lograrlo no es tan simple, hay que enfrentarse al público.
Los temas
No hay que narrar situaciones desorbitantes o inventar excéntricos personajes sino contar historias cercanas, habituales... pero contadas desde otra perspectiva, la humorística.
La clave es reírse de uno mismo, de las situaciones que nos afectan a todos. Escenas cotidianas que, por absurdas se convierten en motivo de diversión. Es el arte de convertir un mal día en motivo de carcajada.
La actualidad es un motivo constante de comedia. Las batallas políticas, las últimas 'exclusivas' del corazón, los personajes del papel cuché, caras conocidas de la televisión... son un continuo blanco de burlas y bromas.
Pero convertir la actualidad, en ciertas ocasiones tan dura, en una comedia el cómico ha de saber hacer una parodia de estarealidad, una caricatura que oscila entre la exageración y el esperpento.
Todo ello aderezado con juegos y malabares de palabras. El cómico ha de tener recursos ante cualquier situación, ha de saber jugar con las palabras, encadenar situaciones todo ello para conseguir el efecto deseado.