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Más de una decena de violaciones y un fallo policial

Es otoño de 1991 y dos hombres siembran el pánico entre las jóvenes de algunas zonas de Barcelona y Tarragona. Una oleada de violaciones similares entre sí recorre esas dos provincias catalanas. La situación siempre era similar: una pareja joven, en un lugar oscuro, abordada por dos personas que manifiestan ser policías, les piden dinero y los agraden. Después, violan a la chica mientras el chico es atado y apaleado con brutalidad.
 
 
La policía elabora un retrato robot a partir de los datos proporcionados por las jóvenes. Los agentes saben que en una pensión de Terrassa (Barcelona) se hospeda un grupo de ciudadanos marroquíes. El 11 de noviembre detienen a uno de ellos, Ahmed Tommouhi, procedente de Nador. Lleva poco tiempo viviendo en nuestro país, es analfabeto, no habla castellano y guarda gran parecido físico con los agresores descritos.
 
Dos días después, otro marroquí es detenido. En esta ocasión, reside en el centro de Barcelona, desde hace más de 20 años y en compañía de su esposa y sus cuatro hijos. Él también coincide con las descripciones de las víctimas y, además, tiene antecedentes por exhibicionismo. Ambos detenidos niegan ser culpables de las violaciones e insisten en que no se conocen de nada.
 
De las doce víctimas, siete pueden identificar a los agresores sin ninguna duda. No obstante, ya desde el primer momento se cometen irregularidades, pues algunos jóvenes agredidos ven a Ahmed esposado en comisaría antes de someterlo a la rueda de reconocimiento.
 
Tanto Ahmed como Abderrazak son encarcelados. Dos semanas después de la detención, la policía encuentra el coche gris en el que supuestamente se desplazan los violadores en una localidad cercana a Barcelona. Los objetos que se encuentran en el interior se corresponden con las descripciones de las víctimas, aunque los acusados podrían no ser los autores de las agresiones. Finalmente, son condenados a 184 años de prisión por siete violaciones.
 
 
 
 
Algunos cabos sueltos
A pesar de ingresar en la cárcel, quedan cabos sueltos: Ahmed no tiene carné de conducir y algunos afectados le identifican como el conductor del vehículo. Abderrazak sufre una enfermedad que no le permite tener erecciones, lo que descartaría que fuera violador. Sin embargo, una de las jóvenes que identifica a los hombres podría haber escuchado el dato de la enfermedad de Abderrazak a unos agentes en la comisaría. Otras víctimas también aseguran haber sido mordidas, pero Abderrazak no tiene dientes. Los procesos y juicios de los dos ciudadanos marroquíes están llenos de anomalías. Ahmed y Abderrazak llevan cuatro años entre rejas y la policía comienza a recibir denuncias que apuntan al mismo modus operandi que supuestamente empleaban los presos.
 
Nuevas agresiones con los culpables entre rejas
 
El 24 de marzo de 1995, otra pareja de jóvenes es asaltada. Una nueva oleada de violaciones y agresiones sacude zonas de Cataluña y los acusados ya están en prisión. Se confirma que nunca han obtenido un permiso penitenciario, por lo que hay algo que no encaja. Es posible que los nuevos agresores sean los que delinquieron en 1991 y que los condenados sean realmente inocentes.
 
La Guardia Civil vuelve a buscar violadores en Terrassa y el proceso culmina con la detención de Antonio García Carbonell, de etnia gitana, 52 años de edad y padre de diez hijos. Físicamente es casi idéntico al marroquí Ahmed. Desde este momento, Reyes Benítez se empeña en elaborar un informe que exculpe a los dos presos. El detenido actúa en compañía de un cómplice con el que no habla en árabe, como dicen las víctimas, sino caló.
 
En el pantalón de una de las violadas se encontraron restos de semen. La sustancia es analizada y el ADN confirma que pertenece a García Carbonell. El delincuente es condenado a una pena de 228 años. Mientras, los dos marroquíes siguen en prisión. Nueve meses después de la detención de Carbonell, el agente de la Guardia Civil termina su informe y visita a los reos encarcelados injustamente.
En 2000, cuando ya lleva nueve años entre rejas, Abderrazak muere de un infarto en la prisión de Briñas. En 2006, Ahmed consigue la libertad condicional, pero hasta 2009 estará en deuda con la justicia.
 
Dos hombres pobres, inmigrantes, marroquíes y acusados de numerosas violaciones.

Un error sin enmendar

Muchos ciudadanos muestran su apoyo con firmas para su liberación. Ocho años después de entrar en prisión, el Fiscal Jefe del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, José María Mena, pide el indulto. Pero ellos no quieren el perdón, sino que se reconozca su inocencia. En la calle se producen manifestaciones reivindicando la libertad de los presos, que inician una huelga de hambre desde sus celdas.