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Un final inesperado

El solitario consigue ser una imagen sin nombre durante 14 años. Desde el año 93 atraca en 15 provincias españolas disfrazado con una barba y una peluca postizas. Los mejores agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional, no consiguen identificarle.
in fraganti
 
 
Ocho unidades de la policía judicial portuguesa, cuarenta agentes en total, vigilan las calles cercanas a los tres bancos. El dispositivo policial está preparado para actuar en cualquiera de ellos. Tras una vuelta de reconocimiento, el solitario, estaciona su furgoneta en un aparcamiento que hay frente a la sucursal de la Caixa de crédito Agrícola. Agentes vestidos de paisano vigilan de cerca cada uno de sus movimientos.
 
El solitario deja munición dentro de la furgoneta por si se complica la huída y sale disfrazado con barba y peluca. Va fuertemente armado, bajo la chaqueta lleva una pistola y un revolver, en la cartera transporta un subfusil con doble cargador. El atracador anda los últimos metros hasta llegar al banco y se cruza con un policía vestido de paisano, algo que pareció poner en alerta a nuestro hombre.
 
La policía ya sabe que banco va a atracar y pone en marcha el dispositivo para capturarle. Un agente da la orden a los siete policías que esperan en el interior de una furgoneta. La consigna es no matarlo pero, saben que es un criminal peligroso y de gatillo fácil. Por sí se complica la operación los agentes llevan preparada una pistola de electrochoc paralizante.
 
El solitario está a punto de llegar a la puerta del banco, inesperadamente la furgoneta frena a su lado y sin darle tiempo a reaccionar ocho agentes se abalanzan sobre él en bloque. El atracador intenta sacar una de sus armas pero, los agentes consiguen inmovilizarle.
 
 
Este es el relato de cómo se detiene al atracador más buscado de la última década. Son catorce años en los que presuntamente atraca 36 bancos, mata a 2 guardias civiles y consigue un botín de setecientos mil euros. Para el solitario, la suya es una lucha contra el capitalismo.