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Las fisuras de los sistemas de protección para la mujer maltratada

Instituciones Penitenciarias ha señalado que cuando Maximino Couto se arrancó la pulsera, la incidencia apareció inmediatamente en sus ordenadores. En este sentido, el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba ha reconocido la posibilidad de la existencia de un error humano. Algo que, de confirmarse, conllevará una sanción.
Pero este caso no puede entenderse como una trágica excepción. ha contactado con otras mujeres que llevan el dispositivo de alejamiento y también recelan de su correcto funcionamiento. Es el caso de que Mari Carmen Martínez, quien pidió expresamente que se lo quitaran. Rojo y Negro
Después de treinta años casada con un maltratador, Mari Carmen logró separarse y obtuvo el aparato que le indicaba cuándo su ex pareja rompía la orden de alejamiento o se quitaba la pulsera. "Nunca ha funcionado bien", confiesa.
Inservible
"Cundo él estaba en Valladolid y yo en Madrid pitaba". Y no fue la única vez. Lo hacía constantemente. Un sonido que traía de cabeza a Mari Carmen: "Era un pitido muy fuerte y a continuación venía la policía. A mí ahora no me protege nadie porque me lo he quitado porque vivir todos los días con esto sonando a mí no me sirve".
Otro problema era la autonomía del aparato. Había que estar constantemente cargándolo: "Si trabajas y no te dejan cargarlo el aparto se descarga. Y no se puede estar sin trabajar. Al final, no me he sentido protegida. Quiero decir que ese aparato tienen que hacerlo mucho mejor si quieren que funcione porque cuando no hay cobertura, resulta que salta él solo o que se ha descargado".
Sin Policía
No obstante, el Sindicato de Policía no se queja del sistema, sino de la organización: "Es imposible que una persona coordina a setenta mujeres".
Diferentes errores que al final han confluido en la tragedia. Este aparato sirve poco en zonas rurales porque tiene poca cobertura y en muchas ocasiones no llegan a avisar a la víctima.
Jueces sin consideración
Por otro lado, Ana Minués, de la Asociación de Mujeres Maltratadas de Galicia, se queja también de la pasividad judicial. No puede ser que sea tan sencillo conseguir la libertad, explica.
"Los jueces tienen que entender que estos hombres no son enfermos, son personas normales y corrientes que ejercen la violencia contra una persona. Hay casos que denuncia nuestra asociación de agresores a los que se les da permisos en contra del criterio de la Junta de evaluación".