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La guerra de los niños

Amnistía Internacional nos desvela la dura situación de los niños soldado. En el norte de Uganda, la guerra se cobra más vícitmas: los niños secuestrados para convertirlos en precoces soldados con drásticas secuelas para los pequeños.
El tercer mundo es lugar de guerras olvidadas, como es el caso del norte de Uganda. Este conflicto tenía origen en 1986 tras la toma de poder del que hoy es presidente Yoweri Museveni. Un conflicto con dos bandos: los que se alzaron con el poder y sus derrocados.
Al frente del grupo rebelde se erige un personaje llamado Joseph Kony. Sin embargo, el pueblo no presta apoyo a su causa y arma sus líneas de guerrilla a través del secuestro masivo de niños. El documental apoya esta afirmación en los datos de UNICEF que calcula que desde 1994 hasta la actualidad, más de 30.000 niños han sido raptados.
El grupo rebelde se denomina ‘Ejército del Resistencia del Señor’, donde según se explica en el documental a través de distintas declaraciones, “el nivel de sufrimiento es insoportable, los niños son obligados a portear grandes pesos, caminar largas distancias y soportar la falta de alimentos”, unos hechos con drásticas consecuencias para los pequeños “muchos de ellos mueren de hambre y agotamiento”.
Entrevista a Destin Maliyamungu Tenga
El documental también recoge el impresionante testimonio de este ex niño soldado de 17 años. Fue raptado en la República Democrática del Congo por un grupo armado Mai – Mai con tan sólo 14 años.
La historia de este niño es estremecedora, junto a su familia, tuvieron que trasladarse cuando estalló la guerra en Ndolera. Los militares convirtieron en soldados a todo un grupo de niños que jugaban al fútbol.
La vida en el campamento según Destin “era muy dura porque vivíamos en el bosque” un lugar que sólo abandonaban cuando llegaban los enemigos, “entonces nos ordenaban que cogiésemos las armas y nos enviaban a combatir”, explica.
Su testimonio refleja la crueldad de su situación. “el gri – gri era para protegernos de modo que si nos alcanzaba las balas del enemigo, resbalaban, caían al suelo (…) Allí matamos a mucha gente”.
Finalmente, un encuentro casual con su hermano la reveló la existencia de una ONG en Uvira donde ayudaban a niños soldados como él. Así, junto a cuatro de sus compañeros escaparon.
En el centro les explicaron su situación, qué tenían que hacer para quedarse allí “y nos dieron información para que pudiésemos elegir el oficio que queríamos aprender”. Así fue como Destin se convirtió en mecánico, “es lo que ahora hago y es lo que quiero hacer en la vida”, explicaba.
Este es el único medio para muchos niños para abandonar su vida como niños soldado.