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"¿Qué tenemos que hacer las mujeres maltratadas, ponernos de rodillas?"

El día que ocurrieron los hechos estaba en la calle disfrutando de un permiso. Ahora vuelve a estar preso, pero su ex mujer sigue teniendo miedo. Tras veintidós años maltratada, huyendo y viviendo siempre con el terror en el cuerpo, Herminia Couto se queja a los políticos: "esto no puede ser. Nos están matando como moscas y parece ser que no le importamos a nadie. Nosotras y nuestros hijos tenemos derecho a vivir y a salir. Esto no puede ser".
En la misma línea se manifiesta su hijo Manuel: "Le pediría a los jueces que vivieran en casa del que pasa el miedo que pasamos nosotros. Un juez que le da el permiso y dice que no pasa nada ojalá se pudiera meter en la piel de un niño de cinco años que ve cómo le están pegando a sus hermanos".
Un miedo perenne
El tiempo que Maximino estuvo bajo la orden de separación, el miedo no desapareció de la vida de su ex mujer. Todos los días cuando volvía a casa miraba a ver si encontraba algo raro, algo distinto. Estaba permanentemente alerta.
En una ocasión, la Policía se presentó en su casa. Le dijeron: "no te asustes, pero parece que se ha activado la pulsera. Tranquila que estamos contigo y hay dos patrullas por ahí buscándole".
Así ha sido su vida durante todos estos años. Ahora se confiesa llena de rabia porque cree que esto se podría haber envitado: "A esta gente les pregunto, a los jueces, a los políticos, a los de la cárcel, ¿que es lo que tenemos que hacer, ponernos de rodillas? ¿pedirle por todos los santos y por Dios y por nuestros hijos?".
Una infancia atroz
Aurora Couto, la hija de Maximino, ha relatado a cómo fue su infancia en un hogar en el que imperaba la violencia: "Un día a mi madre le metió la cabeza en un lavadero para golpearla con una piedra, también recuerdo cómo intentaba estrangularla, yo era una niña pero intentaba defenderla" a nosotros también nos daba palizas". Rojo y Negro
Los cuatro hijos de Herminia Buceta le pedían a su madre que se separara de ese hombre, pero ella dudaba. No sabía cómo iba a ganarse la vida con cuatro hijos a cuestas sin tener trabajo. Eran unos tiempos, ha explicado a Nacho Abad, en que "la ley no era como ahora". Además, su hija Aurora recuerda cómo todos los vecinos estaban contra ellos: "con la gente era muy servicial. Los tendría engañados. Pero en casa era malísimo. El vecindario le apoyaba a él y entonces nosotros estábamos solos".
Los vecinos, de parte de él
"Ahora algunos seguro que siguen sin creerme", se queja Herminia. O incluso peor: "piensan que la culpa la tenemos nosotros. Bien seguro que hay gente que dice que fue porque nosotros lo provocamos. O que yo era la que le pegaba a él, que él era una persona buena".
Pero Maximino, incluso preso, enviaba cartas o se encargaba a la gente que les comunicara que iría a por ellos, ha revelado Aurora: "Dijo que en Navidades nos iba a quemar en la casa de la aldea. Teníamos tan seguro que cuando saliera iba a venir a por uno de nosotros...Y venía con cuchillos. Venía armado. Bebía, lo que pasa es que decían que también estaba de tratamiento psicológico por depresión. Dicen que la mezcla con medicamentos les puede hacer actuar así, pero es mentira, porque antes no tenía depresión y hacía lo mismo. Era violento por naturaleza ya sobrio".
Repudiado por sus hijos
Tras el trágico desenlace de esta historia, su hija se pregunta cómo ha podido querer a alguien así: "sientes que es tu padre, pero te haces mayor, sufres y ahora ya no siento nada, no lo quiero ver delante".
Más radical se muestra su hijo, Manuel: "me gustaría que lo metieran en un agujero y lo dejaran ahí, que no le echaran ni de comer".