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'Yo también llevé brackets'

Bea con una amplia sonrisaARCHIVO TELECINCO
Que lejanos quedan aquellos años en los que nuestros compañeros nos conocían como Robocop y los años en los que escondíamos nuestra sonrisa para no enseñar esos antiestéticos alambres que cubrían nuestros dientes. Fuimos los primeros y los que abrimos el camino para que aquello que suponía el fin de nuestra vida social se haya convertido con los años en auténtica tendencia.
Seguro que muchos recordáis con terror ese momento de la infancia en el que el dentista nos daba la noticia: "La única manera de poner al derecho esos dientes es el aparato".
¡Vaya suerte!, ¡Lo que faltaba! A nuestra cara ya no le faltaba detalle: gafas, el, ya casi olvidado, parche en el ojo y ahora los odiososo hierros adornando nuestra ya de por sí complicada sonrisa.
¡Ya lo estabas viendo, y sobre todo, escuchando! Por si en clase había alguna duda entre el gordo y tú, ya quedaba totalmente resuelta. Decidido: tu cara era el blanco perfecto. A los manidos gafotas o cegato se unía ahora el novedoso mascachapas.
¡Ahhhhh! Tu vida social había terminado. Estaba claro que hasta tus más queridos amigos se iban a echar unas risas a tu costa y pasarías definitivamente al grupo de los débiles. Sí, ese grupo del que todos se mofan y que además no mola (y todos sabemos lo importante que era ser guay a esas edades).
1 ¿Cómo podían tus padres hacerte eso? Si Pedro Guerra había podido sobrevivir con una sonrisa como la suya ¿qué más daba que la tuya no fuera precisamente de anuncio de dentífricos? Ahí estabas tú. Ya no había nada que hacer. Había llegado el día y acudías a la consulta sabiendo que los próximos años ibas a ser un imán para los chistes. Mirabas a tus padres con odio y te respondían con un simple: "¡Es por tu bien!"
En ese momento no lo entendías, pero es que cuando te daban el espejo en la consulta para enseñarte tu look de hombre de hojalata, odiabas a tus padres, a toda tu familia, al dentista y, por supuesto, a todo aquel que se acercaba y te decía de una manera muy condescendiente: "¡pero si no se nota tanto!".
Llegaban los temidos años de reirse con la boca cerrada, de no enseñar los dientes ni aunque te matasen y de taparte la boca si surgía la posibilidad de que alguién descubriese nuestros dientes de chapa.
2 Resignados , aceptamos este castigo de la mejor manera posible y esperábamos ansiosos que llegara el día en que nuestro ortodoncista dijera que todo había terminado. Pasados los años y cuando ya parecía que nuestro aparato nos acompañaría para siempre, llegaba el momento. ¿Qué ha pasado?
¡Qué pasada! Nadie diría que tus dientes antes no se hablaban, que cada uno miraba a puntos cardinales opuestos. ¡Madre mía! Después de años sin abrir la boca, llegaba la hora de desquitarse. Hacías tuya la célebre frase de la Pantoja: "Dientes, dientes, que eso es lo que les jode".
Inmediatamente olvidabas los años pasados. Ya daban igual los malos ratos y las burlas. Tú con tu sonrisa a todas partes ¿y ahora qué? Tus ex compañeros te miran con envidia y tu sonrisa derrite al más pintado. Ahora puedes entonar con orgullo: "yo llevé aparato"
¡Qué equivocados estaban todos! No eras un adefesio, eras un adelantado a tu tiempo, un creador de tendencias (igualito que Victoria Beckham o Madonna). Siguiendo tu estela, los que antes se burlaban han decidido arreglar su sonrisa y ponerse los tan de moda brackets.