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Un macabro juego

Carlos Javier fue víctima de un juego macabrotelecinco.es
Carlos Javier Robledo falleció la noche del 1 de abril de 2000, tras recibir una paliza por parte de un grupo de seis jóvenes violentos. Carlos Javier se encontraba en un after en la zona de discotecas de la Villa Olímpica de Barcelona, cuando se vio inmerso en un macabro juego; quien tratara de recuperar una cazadora que acababan de robar en ese mismo after sería objeto de sus golpes.
juego macabro
 
 
Carlos Javier y sus dos amigos salen en dirección al parking, el otro grupo va detrás. En el parking, uno de los amigos de Carlos ve la cazadora en el suelo y la recoge. El otro se mete en el coche mientras que Carlos Javier se queda delante del vehículo. Los agresores se acercan, ya tienen a su víctima y comienza el juego.
 
 
 
Así sucedió todo
Al ver la actitud agresiva del grupo, todos entran en el coche excepto Carlos Javier. Uno de ellos le da un puñetazo y le tira al suelo, inmediatamente se forma un círculo de seis personas a su alrededor que le dan patadas y golpes por todo el cuerpo incluso, le pisan la cabeza. Uno de ellos se apoya en el coche de las víctimas y deja su huella. Los dos compañeros de Carlos Javier consiguen escapar de la paliza pero para el joven agredido ya es demasiado tarde.1
 
Un afán de matar que olvida lo más importante, no dejar pistas en la escena del crimen. La policía científica identifica una de las huellas que quedan en la superficie del vehículo, pertenece a un joven de 25 años fichado por robos y peleas y que vive en el barrio de La Mina, se llama Jesús García Nieves. La policía pone en marcha la investigación basándose en la pista del barrio de La Mina. Busca jóvenes con antecedentes por robo y agresión. Mientras, la familia de Carlos Javier tiene que pasar por el duro trance de identificar el cadáver después de la paliza mortal.
 
En busca de culpables 
 
Por la marca de la bota en la cabeza y la descripción de varios testigos, la prensa publica que los agresores podrían ser una banda de 'skins'. El juez instructor y la policía siguen convencidos de que el grupo de agresores se esconde en el barrio de La Mina, una hipótesis que se confirma con el testimonio de un testigo que memoriza parte de la matricula de uno de los coches en los que huyen los asesinos de Carlos Javier.
 
El coche pertenece a una residente en La Mina cuyo hermano cuenta con antecedentes por robo. La lista de sospechosos es de 60 personas, todas con un mismo perfil, son delincuentes jóvenes del barrio. Los dos amigos de Carlos Javier y varios testigos de los hechos identifican a un grupo de 6 y unas llamadas anónimas dan la descripción a la policía del cabecilla. Un individuo de 1,70 metros de altura, castaño, con granos en la cara, de unos 18 años y con habla muy tosco que se llama Valentín Moreno.
 
Las detenciones llegan tan sólo nueve días después de la muerte de Carlos Javier. La policía detiene a seis sospechosos que reconocen haber estado en la pelea, haber dado algún que otro empujón, algún que otro golpe ligero pero, sí que coinciden varios en apuntar que Valentín fue el primero que golpeó a Carlos en la cara y que le dejó k.o.
 
Los detenidos reconocen su implicación en los hechos y delatan a otros cuatro implicados en el asesinato. Para la policía el caso está cerrado pero en la calle la polémica no ha hecho más que comenzar. La noticia de que Valentín Moreno no puede ser juzgado como adulto porque la noche del asesinato celebraba su 18 aniversario llega a los medios de comunicación. Valentín presta declaración ante el juez y su partida de nacimiento no deja lugar a dudas, en el lugar del fallecimiento era menor de edad. "El chico no trabajaba vivía del dinero que sacaba su madre limpiando. Es curioso, no tenía ni la voluntad de respetar a su madre".
 
Valentín Moreno cuenta a los psiquiatras forenses que deja los estudios a los 14 años y que sólo ha trabajado 3 meses exactos en toda su vida. Entre sus aficiones se encuentra la lucha grecorromana, que tuvo que abandonar tras una pelea con su entrenador. El informe descarta un posible trastorno mental, aunque hablan de un alto nivel de agresividad que se refleja en su ficha policial. Tiene antecedentes por robo con intimidación, reconoce que puede consumir entre 4 y 10 rayas cada noche en fin de semana combinándola con éxtasis y alcohol.
 
Indignación social
 
La opinión pública se mostró en todo momento muy interesada en el caso. Desde el principio, se mostró indignada por el hecho de que Valentín Moreno, que no había cumplido 18 años la noche del asesinato, tuviera que ser juzgado por un tribunal de menores.2 Y, aún así, tuvo que enfrentarse a otro duro golpe. La tardanza en los resultados de las huellas hace que el juez de instrucción, Adolfo Fernández Oubiña, ponga en libertad bajo fianza a los acusados. 
 
La sentencia
 
El abogado de la defensa, Enrique López, consideró que la pena que se impuso a los agresores fue excesivamente dura por la presión mediática. La sentencia condenó a los acusados en función de su participación. Los cuatro más activos cumplen 32 años de prisión y los dos restantes 11 y 22 años, respectivamente. Valentín Moreno fue condenado a 7 años de encierro en un centro de menores.