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¿A quién quiere torear Esperanza Aguirre?

Esperanza Aguirre, capote en mano, es imagen de portada en los tres periódicos en los que tiene más fans: El Mundo, ABC, y La Razón. Las fotos publicadas por los dos primeros fueron hechas ayer, tras el anuncio de que la Comunidad de Madrid declarará Bien de Interés Cultural las corridas de toros. La presidenta vuelve a dar sopas con honda sobre cómo reventar cualquier debate en beneficio propio. ¿El método? Regalar imágenes irresistibles a los que empuñan una cámara.
¿Aparece un despistado y grisáceo profesor en Cataluña explicando con una espada de matador que eso duele si te lo clavan? Pues yo salgo más chula que un ocho posando con un capote. Con Esperanza Aguirre no hay que equivocarse. Para ella cualquier polémica es sólo una oportunidad para protagonizar otra imagen.
El álbum de fotos de su campaña hacia no se sabe qué es tan voluminoso que uno se pregunta si lo suyo no será puro mono. Sus ansias por salir retratada son comparables a las de esos adolescentes etiquetados en miles de fotos de Tuenti. Hacer segundas lecturas de imágenes, como las publicadas hoy, es tan fácil que resulta incluso de mal gusto. A pesar de ello algunos hacen juego. El Mundo, a cuatro columnas, titula sobre la imagen de la presidenta torera "Madrid supera por primera vez a Cataluña en peso económico". Les ha faltado añadir un "olé".
Al margen del posado de ayer en Las Ventas para varios medios, antes de plantarse ante un desbordado Iñaki Gabilondo en CNN+, Esperanza Aguirre también posó para El Mundo sobre la terraza de la sede de la Comunidad de Madrid, en el kilómetro cero de la Puerta del Sol. La teatral puesta en escena del diario dirigido por Pedro J. Ramírez recuerda vagamente a los reportajes de Annie Leibovitz para Vanity Fair.
La luz artificial, que refuerza el intenso color del capote, y el plano contrapicado dan a la retratada tales dosis de energía y endiosamiento que se roza lo caricaturesco. ¿Qué tiene que ver una foto así con la actualidad periodística pura y dura? Absolutamente nada. El espectáculo cabalga con Esperanza Aguirre y ella no sólo no lo niega, es que reivindica su rol de política espectacular. Seguramente influida por los shows políticos made in USA que tanto le gustan. Sus puestas en escena parecen obrar el milagro de aumentar el gramaje del papel de prensa, convirtiéndolo como por arte de magia en papel couché. Cada vez que una foto como las que hoy protagoniza aparece en un periódico algo muere en el buen fotoperiodismo.
En la entrega de los Premios TP hubo un plante de los fotógrafos a la organización . En el photocall se les había reservado un incómodo y ridículo espacio, tan cercano a los que iban a desfilar que incluso era técnicamente complicado sacarles de cuerpo entero. La organización del sarao debería pedirle consejo a Esperanza Aguirre. Ella sí que sabe dar facilidades a los chicos de la prensa.
Si para ser presidente en España contasen los plumillas y fotógrafos que a uno le siguen, y no los votos, Aguirre hace tiempo que dormiría en la Moncloa. Desde aquellas lejanas apariciones, como ministra de Aznar, en la primera etapa de Caiga Quién Caiga hasta sus posados de ayer parece que han pasado mil años.
Esperanza Aguirre hoy sabe poner de sobra color a la prensa y la tiñe de amarillo o de rosa, según lo que le pida el cuerpo. Y, claro, teniendo en cuenta que la gente está más que harta de las páginas salmón eso vende periódicos y da algunos votos. Ayer decía ante Gabilondo que lo suyo con los toros no puede ser oportunismo, pues a los antitaurinos no se los va a ganar y a los que acuden a las plazas ya los tiene en el bote. Pues si no es para eso para lo que ha cogido el capote ¿a quién quiere torear?