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El epílogo de Bertín: "Política, aficionada a la hípica y con las cosas claras"

“Eso sí que no me lo esperaba de Esperanza, tan poco dada al alago y resulta que casi me pone colorado. Durante nuestra charla hay cosas que me han sorprendido, y otras que he constatado, para empezar, que la esperanza nunca se pierde, aunque venga en bicicleta y sin GPS. Que su abuelo lamentaba que no hubiera nacido niño porque le auguraba un futuro de ministro; que siempre le han gustado los hombres morenos, altos y de ojos claros, Esperanza, ¿no te me estarás insinuando?; que además de con su marido se casó con su cuñado y los anillos tuvieron que ser de prestado; que desmiente el mito de la suegra porque para las grandes decisiones consulta a sus nueras, sin duda mejor consejeras que Granados, una de sus mayores decepciones y causa de su última dimisión. Dimisión que revocó por una misión no sé si imposible, la de evitar que gobernara la coalición morada. Reconoce los valores de Carmena y su mano con las magdalenas; que le cae más simpático Rajoy que Aznar, pero que este último le impone más. Que defiende las primarias en su partido, aunque lo de no presentarse lo tenga decidido; que se sabe más querida por las bases que por la cúpula; que prefiere hablar de sexo que de política. Yo lo que prefiero es charlar en general, que es como se conoce a la gente. Y lo que espero Esperanza es que vuelvas a mi casa que te debo un paseo, tú montada sobre Estrella, y yo a lomos de Sinatra”.