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Conducir con lluvia, una asignatura penidente para los neumáticos

Uno de los elementos más importantes de nuestro coche, son los neumáticos. Antes de ponerlos a prueba es imprescindible revisarlos, pero muchas veces no se realiza esta operación y la lluvia o la nieve nos juegan malas pasadas.
Es lo que sucede cuando conducimos sobre mojado. Hacerlo exige usar con suavidad todos los mandos principales: dirección, embrague, freno y acelerador.
Cuando comenzamos un viaje con lluvia, nuestras gomas estarán mojadas y serán propensas a perder adherencia, fenómeno que se conoce como aquaplaning. Esta situación se produce cuando delante de los neumáticos se acumula más agua de lo que puede evacuar. La  presión del agua hace que la goma se levante y deslice sobre una fina capa de agua situada entre los neumáticos y la carretera. En este momento, el coche puede perder totalmente el contacto con el asfalto, y se corre el riesgo de deslizarnos, salirnos del carril o incluso de la carretera.
Los laboratorios de los principales fabricantes mantienen su empeño en crear neumáticos cada vez más eficientes en terrenos deslizantes, un trabajo complejo y extremadamente controlado por los técnicos de las marcas. No es para menos, estas gomas se componen de más de 200 materiales, y su aprobación final para salir al mercado puede llevar meses e incluso años.
La concepción de un neumático culmina con las pertinentes pruebas de calidad, un trabajo revisado al milímetro.
Prevenir el 'aquaplaning'
Siguiendo con nuestras notas de seguridad, en algunos casos mantendremos el control del vehículo sobre el agua, pero si las cuatro ruedas sufren el aquaplaning, perderemos el control total del coche. No servirá ni la dirección ni los frenos, ya que goma pierde por completo el punto de contacto con el asfalto.1
Por lo tanto, a la hora de pasar por un charco ¡mucho cuidado! porque si tiene cierta profundidad, puede sufrir aquaplaning.
Nuestra reacción en este caso debe de ser lo más tranquila posible. Para ello sujetaremos firmemente el volante, ya que  de nada servirá dar volantazos porque nuestro coche está flotando sobre el agua y no cambiará de trayectoria.  De esta manera no levantaremos el pedal del acelerador, confiando en que rápidamente se vuelva a producir el contacto del neumático con el asfalto. Todo para evitar el temido 'aquaplaning'.