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¿Estamos ante el coche perfecto?

Con 200 kilómetros por delante, la maratón de conducción estaba casi terminada, el consumo nos respetaba, pero por si acaso manteníamos un margen de seguridad de unos 300 kilómetros con una velocidad media de 110 km/h.

Cada vez quedaba menos y a medida que nos acercábamos a nuestro destino empezábamos a ver carteles de Nurburg, el pueblo del circuito. y eso sí, nada más llegar nos permitimos el lujo de darnos una pequeña vuelta por la zona. El día había terminado y llegaba la hora de irse al hotel, que no podía ser otro que el situado en plena recta del circuito de Fórmula 1. El infierno verde nos esperaba.

El antiguo circuito de Nurburgring es todo un espectáculo, y cada fin de semana miles de personas abarrotan el paddock y las curvas más emblemáticas. Pero todavía hay más porque el ambiente del pueblo es tan intenso que se convierte en el paraíso de los amantes de la velocidad.

La entrada a la pista es completamente libre, previo pago, eso sí de 27 euros por vuelta y lo más importante, sin restricciones de velocidad de ningún tipo, porque solo prohíben practicar el drifting por temas de visibilidad.

Poco a poco, se acercaba la hora de terminar el reto, y contábamos todavía con 180 kilómetros de autonomía. Margen suficiente para poder exprimir el Panamera sin contemplaciones. Conectamos el modo Sport Plus, desconectamos el control de estabilidad y nos dirigimos a la salida.

Nada más negociar las primeras curvas el agarre del Panamera sorprende, gira completamente plano y en ningún momento transmite la sensación de una berlina de 2.000 kilos. Eso sí, si nos pasamos con el gas, nuestra parte posterior intentará adelantarnos, como todo buen tracción trasera.

El tráfico fue el gran problema durante toda la vuelta porque nuestro piloto tuvo que adelantar a un total de 16 coches con la pérdida de tiempo que ello conlleva. Y como es lógico ante esta situación no quedaba otro remedio que empujar en las zonas limpias, y adelantar con la mayor agresividad posible. Y vistas las imágenes, queda claro que la berlina de Porsche se sintió en el trazado alemán como pez en el agua.

Finalmente ni Marcos Martínez ni el resto del equipo se lo creían, y conseguimos superar el reto con un increíble tiempo de 8 minutos, 22 segundos y 45 milésimas. Ya sólo nos quedaba colocar la pegatina oficial del circuito de Nurburgring y llevar el coche a repostar a la gasolinera por primera vez en 1.400 kilómetros. Se lo había ganado.

Así fue nuestra experiencia con uno de esos vehículos que cuando te bajas de ellos dejan flotando una pregunta en el aire: ¿estamos ante el coche perfecto?