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Crónica de un amor televisivo

Hemos sido los primeros testigos del amor que aflora por todos los poros de la piel de Marisa y Pedro. Pero también tenemos dos opiniones diferentes sobre la primera pareja que ha surgido del programa. Dos impresiones, dos testimonios.
La romántica
"Estaban solos -se creían solos- en la enorme casa dormida. Ninguna confesión, ningún beso, sólo el silencio... Más tarde, conversaciones febriles y apasionadas... Los invadía esa extraña felicidad, esa prisa por desnudar el corazón ante el otro, una prisa de amante que ya es una entrega, la primera, la entrega que precede a la del cuerpo", Suite francesa, Irène Némirovsky. Así quiero comenzar mi breve impresión sobre Marisa y Pedro, mi sincera opinión sobre los momentos que compartí en aquella habitación de un hotel cualquiera. Un espacio que nos sirvió a mi compañero Diego y a mí para conocer y percibir con nuestros propios ojos lo que Marisa y Pedro y viceversa sienten.
Les embriaga una sensación desconocida para ellos, no saben todavía lo que les espera, sólo se tienen el uno al otro para vivir esta experiencia fuera del plató, sin la presencia constante de las cámaras. Unas cámaras que intentan plasmar su primer momento de intimidad como pareja. Pero ¿cómo son ellos al natural? Son sinceros, dulces, espontáneos, sencillos y como también dice Marisa acerca de Pedro "pesados". Se nota, se palpa una complicidad entre los dos, no necesitan nada, sólo estar juntos. Sus miradas entrecruzadas aclaran lo que sienten y lo que piensan. Gracias por regalarnos estos primeros momentos.
El escéptico
No existe una segunda oportunidad para cambiar una primera impresión. Lo que vi en esa habitación del hotel, quizá no sea una opinión objetiva (tampoco creo que las haya), ni esté apoyada por un contexto fiable (una cama de un hotel), o no haya gozado del tiempo suficiente para juzgar el amor entre dos personas. Pero a estas alturas de la vida señores, uno sabe lo que verdaderamente significa esta palabra tan corta pero a la vez tan llena: amor. Que no me vengan con menudeces, a lo mucho, lo que estos chicos desean después del programa es pasar la noche juntos, desahogar la pasión que llevan acumulada durante estos meses, y luego, quizás, aprovechar la mínima fama de que disponen parar gozar de otras oportunidades en el circo mediático que tenemos hoy en día. ¡Ojo! Que no lo juzgo, no entraré en decir si esto es bueno o malo, lícito o barriobajero, pero... ¿amor? Seamos sensatos. No. ¿Pasión? Puede que sí. Y mucha. Normal, dos chicos de buen ver, encerrados en una habitación para pasar una noche juntos, ¡a dónde vamos a llegar si no culminan en un éxtasis de lujuria, desenfreno, y exaltación de los deseos más carnales!
Pedro y Marisa, ¿Marisa y Pedro? En esta ocasión, esta comparación no es igualitaria. Recuerdo aquellas películas de cine negro de los años 30, en las que una mujer fatal acababa deteriorando, absorbiendo por completo la integridad de un hombre. De esta forma observé y contemplé a Marisa, una mujer que detrás de esa cara angelical, de no haber roto un plato, conduce a Pedro por el rumbo que se le antoja. "¡Ríe, Pedro!" Decía Marisa, y Pedro reía. "¡Has sido muy mala!" Comentaba el chico, a lo que ella contestaba "No soy mala, soy picante". Pedro, demasiadas buenas intenciones para lo que te viene por delante. Marisa seguía la conversación con un tono rebelde, juguetón, incluso en alguna ocasión tomando el pelo de una manera excesiva a Pedro. Sus ojos no reflejaban lo que sí mostraban los del muchacho: dulzura a la hora de hablar, sentimiento, ternura y sobre todo, honestidad en sus palabras.
Cada vez que pienso en lo difícil, pero a la vez maravilloso, que es conseguir a tu media naranja, agradarla, que te agrade, luchar por la relación, conseguir que todo siga adelante a pesar de las piedras del camino, veo a Marisa y a Pedro, dos chicos jóvenes, que se acaban de conocer en un programa de televisión, y me pregunto ¿tenemos que creer lo que nos están intentando vender? Lo siento por aquellos a los que el romanticismo no les haga ver más allá de lo que en unos meses, seguro, pasará (si llega a cumplirse este tiempo). Se separarán, dirán que fue un "amor de unos días", buscarán su hueco en otros programas, y venderán alguna exclusiva. Por favor, ¿quién no lo sabe? Vivamos de la ilusión si no queremos abrir los ojos, pero no neguemos lo evidente. Lo siento, precisamente, por aquellos que todavía no lo ven, y se refugian en esta pareja para recrear en ellos su ideal del amor. Porque en un tiempo, se darán cuenta.
Ojalá me equivoque, y pueda comprobar que el amor también puede darse en las condiciones que les ha tocado vivir a Pedro y Marisa. Ojalá esas miradas o esos gestos que ahora son pasionales se conviertan, cuando ellos ya no estén pendientes de los medios y de las cámaras, en algo por lo que vale la pena seguir adelante. Pero dadas las circunstancias, yo no pondría la mano en el fuego por ellos.