La academia en vivo

LLuvia de estrellas

Sandra se fue tras hacer la mejor de sus interpretaciones, con la cual logró el apoyo de la mayoría del jurado al elegirla como favorita de la gala. Se marchó una estrella a la que hemos visto nacer. En su caso no debemos hablar de un futuro sino de un presente lleno de éxitos. Su paso por esta academia ha sido el primero de una presumiblemente larga lista.

Ha nacido una estrella

Es el término que mejor la define: estrella. Como la Judy Garland de 'A star is born', Sandra se ha convertido en estrella como la crisálida termina eclosionando en una bella mariposa. Ese es otro de los términos que mejor le vienen: eclosión. Sandra es una eclosión en si misma, y tras su paso por este programa también es una estrella. La transformación de esta concursante ha sido evidente no solamente en lo artístico sino también en lo personal, hasta incluso en el aspecto físico. Cuando todo esto empezó, en aquella lejana gala cero, Sandra tenía un drama serigrafiado en su rostro. Hoy es la viva imagen de la alegría, de la satisfacción por el trabajo realizado, de la confianza que solamente otorga la comprobación de que se es capaz. Ella es capaz, lo ha sido con creces, y su vida de estrella no ha hecho nada más que empezar.



Utilizo como título hoy el de otro programa de televisión, curiosamente de la misma productora y semejante formato, guardando las distancias. En definitiva aquel era un concurso que búscaba cantantes con talento, aspecto que lo aproxima mucho a este otro. Y lo uso hoy porque en las últimas semanas es la sensación que me va quedando cada martes. Están cayendo las estrellas, una tras otra, y entonces es cuando me toca a mí ponerme a escribir. Esto empieza a ser una lluvia de estrellas sin remisión.



Pero anoche no tuvimos la sensación de estar asistiendo al momento en que se descolgaba una estrella al abandonar esta academia. Por el contrario, creimos poderla ver alzarse camino de un olimpo que no tardará en hacer suyo. Coincido frecuentemente con las valoraciones que hacen Llano y Galera, pero nunca como cuando anoche esta última afimaba que la interpretación del tema 'And I am telling you I'm not going' había sido probablemente una de las mejores de la pequeña historia del programa. Desde luego fue su mejor actuación, lo cual corrobora que es una gran estrella que nos tenía reservado lo mejor para el momento cumbre, el de su confirmación, cuando debía tomar la alternativa, utilizando un término taurino. Sirva ese regalo de despedida también como una bienvenida a este lado del éxito, donde nunca estuvo antes.



Ya no vale hablar de los cuatro castings y lo bien o mal que ha podido tratar la vida a Sandra. Anoche demostró que no hace falta recurrir a un tema de Whitney Houston para impresionar al respetable, y eso a pesar de que le costó llegar más que en los ensayos de los últimos días. Le sirvió una casi desconocida pieza de un musical para demostrar que sabe cantar en un inglés más que correcto, y que si esta mujer canta con algo que no sea su garganta no ha de ser con las ingles sino acaso con un par de gónadas, situadas no demasiado lejos de aquellas, por no decir eso que tanto ha repetido María Jiménez y que quiza suene demasiado fuerte.







Me declaro enamorado de los augustos, clowns de nariz roja, cabotines o pagliacci italianos, charlies vagabundos, excentriques franceses, grotescos de la acrobacia, hanos americanos, arlequines de la comedia del arte o la pantomima inglesa. Y los bromistas, juglares, trovadores, carablancas, bufones de la corte, pierrots... Me siento a veces como uno de ellos, un pierrot que sencillamente observa desde un rincón, como decía una vieja canción de Gianni Togni. Por eso cuando alguna vez me han llamado payaso he sonreído con placer. Anoche Risto Mejide intentó insultar a los profesores llamándoles algo tan bello.



Me gustan los payasos pero no los tramposos, aquellos que cual 'tricksters' paganos pretenden que los demás solo sonrían cuando ellos sonríen, los que basan su pretendido éxito en una fraudulenta violación de reglas o convenciones, quienes intentan sacar conejos de la chistera y no son capaces de hacer asomar ni sus propias orejas, no vaya a ser que se las mojen. El payaso va a cara descubierta, exagerando sus propios defectos, agrandando pies y nariz, simulando ser más torpe de lo que son en realidad. Los tramposos se ocultan en su propia cobardía.



Anoche Llàcer comenzó el 'chat' poniendo el vídeo en el que Mejide llama puta (como decía Manu Guix con toda claridad tras verlo) a Sandra. Un poco después se lo ponían a la propia interesada y esta contestaba como la estrella que ya es. "Qué pena de persona (...) me da pena de él", decía. La separación entre la persona y el personaje que hacía Pablo en un vídeo que vimos en la gala es tan convincente como discutible. Sandra no le quiso buscar tres pies al gato y fue al grano, añadiendo que Risto "ni sabe nada de mi pasado ni lo va a saber, y si tengo algún parecido con María Magdalena mejor para mí, que me ayudará a preparar el personaje". 'Chapeau' para Sandra, y otro bien grande para Llàcer, gracias al cual esto habrá dejado de ser para muchos un invento del Metrónomo.



La discutible opinión del jurado



A decir verdad anoche me pareció ver otra gala distinta que la de la mayoría de los miembros del jurado, por no decir todos. Yo vi una involución en Virginia, que volvió a hacer temblar su voz, perdiendo la oportunidad que le presentaron con un tema tan apropiado para el lucimiento total. A mi juicio estuvo nerviosa y desafinada en algunos momentos, además de mal situada en el escenario, hasta el punto de que terminó su actuación tapada por la sombra de un guitarrista.



Tampoco puedo coincidir con el juicio de Mejide sobre Chipper, lo cual no es ninguna novedad. No porque a mí no me haya resultado aburrido en muchas ocasiones, sino porque no creo que se compadezca con la realidad el juicio de que siempre haya hecho lo mismo. Cuando el americano le pide explicaciones sobre esto no acierta a otra cosa que a decir: "siempre el mismo estilo, la misma interpretación, la misma falta de emoción, la misma falta de sorpresa, la misma falta de novedad..." Pues bien, no creo que esto tenga nada ver con un concursante que casi empezó cantando con Noelia un tema de Albano (aquella "aurrorra" recordada), luego le tocó cantar con Mimi 'Mejor decir adiós', más tarde sufrió para poder hacer un tema de Alejandro Sanz, para todavía después cantar un éxito del poco recordado Pablo Abraira (rebautizado en la academia como 'Adúltera'). Entre medias ha cambiado tanto de estilo como para cantar 'Crazy' o 'That´s life'. O sea que no.



Otra cosa es Coco Comín, que hasta cuando elogia a Virginia logra conservar su halo de dama amable y educada, que podría clavarte un puñal entre las cejas con un mimo  capaz de desarmar a cualquiera. Es tan divina que hasta cuando se desmelena lo hace con tanto estilo que ni se nota. Anoche se delato a si misma cuando dijo de Manu que "tiene un instrumento muy bonito" (sic). No me diga nadie que se refería a su voz porque no lo podré creer, mucho menos tras ver ciertas capturas del susodicho. Me refiero a Manu no a lo que esconde en su entrepierna, aunque también.



Virginia niega haber sido acosada



No sé nunca si hacer muchas valoraciones del aspecto musical para no resultar repetitivo en exceso, así que cierro por hoy comentando que en el 'chat' Virginia negó de una vez por todas haber sido acosada por sus compañeros. Aunque le costó decirlo y fue lo suficientemente ambigüa como para poderse desdecir, lo cierto es que ante la insistencia casi no le quedó otra opción.



Y dos apuntes relativos a la propia gala que me parecieron llamativos. Primero que no le faltó razón a Jesús Vázquez cuando anunciando las opiniones grabadas a los concursantes dentro de la academia avisó que eran las entrevistas que aquí en este sofá "no somos capaces de hacer". Le faltó ser un poco más preciso y personalizar la frase, o sea que debió cambiarlo por un "no soy capaz de hacer". Y luego el momento glorioso de las inútiles conexiones con las concentraciones de apoyo a los finalistas. Técnicamente siguen siendo igual de desastrosas que siempre, solo que ahora ni siquiera parece que sean muy numerosas. Especialmente reseñable el momento en que Jesús le dice a Virginia que los suyos están frente a un local donde supuestamente ella ha cantado muchas veces, pero ella no parece ni siquiera conocerlo. Menudo exitazo el de estas tradicionales conexiones. Augustos y tramposos

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