Dispuesta a revelar toda la verdad sobre los asesinos de David Clarke, Victoria Grayson sube a un avión rumbo a Washington. Sin embargo, ni ella ni Lydia Davis consiguen llegar al juicio para testificar contra Conrad.
Nolan toma el papel del héroe e instala una cámara en el domicilio del asesino haciéndose pasar por un instalador del cable. Lógicamente, este hombre de fría mirada no se traga ni la actuación ni el bigote postizo del muchachito y le rastrea hasta su domicilio, dejándole incosciente.