Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

"El día que me meta a puta, seré puta cara"

Esther Arroyo también sufrió proposiciones indecentes cuando se encontraba en el ámbito de Miss España. Pero en su caso, lo más grave no fue eso, sino cierto chantaje que le hizo el representante de otra de las chicas que participaba en el concurso. Según ha contado, este hombre se le acercó cuando ya estaba claro que iba a ganar ella y le dijo que si vencía al día siguiente iba a sacar fotografías de ella en una barra americana.
Esther Arroyo nunca había trabajado en una barra americana, pero eso no fue motivo suficiente para que la tensión y el disgusto la hundieran. Le salieron ronchas en la cara, según ha confesado, y se tuvo que meter en la bañera llorando porque no daba crédito a lo que le estaba ocurriendo.
Sobre las proposiciones sexuales, ha reconocido que existen. Un ejemplo que ha citado es cuando a ella le propusieron una cena. A lo que contestó que no. Para ella el asunto es una mera cuestión de oferta y demanda y ha insistido en que todas las chicas son libres de decir que no. En este punto, Kiko Matamoros ha hecho hincapié en que todas las candidatas no son tan maduras como ella ni tienen tantas tablas. Algunas, ha señalado, vienen de pueblos pequeños. Entonces Esther ha interrumpido y ha dejado clara una cosa: "El día que me meta a puta, puta cara". Pero por el momento: "A mí no me torea nadie porque yo meto un guantazo".
Las secuelas del accidente
Sobre su accidente de coche, Esther ha contado que la primera vez que fue a la psicóloga, fue en coche y legó con un ataque de ansiedad. Le tuvo que decir al llegar: "Quítame este miedo a conducir". Pero al final: "Siempre queda algo, sigo en tratamiento y me encanta: Superas cosas que no sabes que tienes y las sacas, aunque el bajón viene con la recuperación, cuando te relajas y te pega".
Lo peor de la convalecencia, en cualquier caso, vino antes, cuando pensó que le iban a cortar la pierna "pero al final no hizo falta". Aunque ella era fuerte: "Yo quería que lo contasen todo para enfrentarme a lo que fuese". Ahora, la secuela final es que no puede cruzar las piernas y ella echa de menos sus tacones.
Además, ha dicho que en el futuro tendrá una artrosis, pero está "más llena de vida que antes, estoy muy agradecida". También su marido, que estaba "roto en 33 pedazos". Pero los amigos siempre la han arropado. Lo que ella ha llamado "el lado romántico".
En lo económico, "ha sido una ruina", ha rematado. Por que los seguros la han acorralado. Con la gravedad que supone que los dos cabezas de familia no puedan trabajar.