En el mirador
Jessi dispara a Cata por orden de Mejía
Jessi siempre es una caja de sorpresas y de nuevo desconcierta a Mejía al decirle que sabe quién la tiene. Se la puede devolver, pero a cambio le pide que olvide sus caras, sus nombres y no pasarles nunca factura, él cree que no está en condiciones de pedir nada. Sin embargo, ella insiste en que le va ya a entregar a Catalina y que eso ya es un precio muy alto.
La meretriz disimula y le cuenta que allí había un policía de la Brigada Judicial, el inspector Barrio, el padre de Sandra, lo que le hace pensar que algo está pasando. Además, Jessi añade a la historia que el inspector Barrio " tenía una operación encubierta, a la que Catalina trabajaba para él como confidente. Así que todo este tiempo le ha estado pasando información sobre tus cositas y las mías". Mejía duda de la meretriz y le vuelve a preguntar si se acaba de enterar de todo eso anoche, Jessi no tiene escapatoria y tiene que seguir enmarañando la historia, "yo pensaba que le habían dado la condicional gracias a mí pero todo era una mentira, era todo una trampa para meterme a mí en la cárcel, su libertad en cambio de la mía". Y sin más, Mejía se desahoga con la meretriz, " Daniela no está en México, a mi Daniela me la mataron, Catalina me la asesinó". Jessi no tiene escapatoria, se ha metido en un lío porque Mejía sólo volverá a confiar de nuevo en ella si le entrega a Catalina.
Los 100 kilos de coca de Mejía
Mientras en un hotel esperan Vane, Cris e Iván a que el camello aparezca y pueda darse el intercambio de la mercancía, sin sospechar en ningún momento que Moreno está vivo y que está buscando su mercancía. De repente, llaman a la puerta, es el Moreno, Vane perpleja le mira sin saber qué decir, les ordena a Cris y a Iván que les deje solos, tiene que arreglar cosas con ella del pasado. Pero cuando está a punto de dispararla aparecen en la habitación del hotel Jessi, Mejía y sus hombres y evitan que la mate. Cris se lo agradece pero la meretriz espera que les sirva de lección para un futro, " está claro que no valéis para narcotraficantes".
El precio que tiene que pagar por haber salvado la vida a sus amigas es entregar a Cata al narcotraficante. Mejía la obliga a vestirse como Daniela, con la misma ropa y con una peluca castaña, además le entrega la pistola que le regaló a su hermana para que mate a Cata, "haz lo que tienes que hacer, y no lo haces por mí, lo haces por ti también". En el mirador la está esperando Cata, atónita no entiende lo que está ocurriendo, hasta que Jessi la apunta con la pistola y dispara, "Adiós, Cata".
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