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Playa Uva y Cabeza de León, dos mundos muy diferentes

Los supervivientes sólo han necesitado cuatro días para que surja entre ellos el hambre, el cansancio y el desánimo en los Cayos Cochinos. Separados en dos grupos,  los concursantes se enfrentan a realidades muy diferentes. Mientras que los siete enviados a Playa Cabeza de León  disfrutan de un completo kit de superviviencia, comida y diversión, los que aterrizaron en Playa Uva se han encontrado sin alimentos ni herramientas para conseguirlos.
El equipo afortunado está disfrutando de lo lindo de su estancia en la isla, que hasta el momento más que un reto de supervivencia parece una estancia veraniega en las costas caribeñas. Capitaneados por Joselito, el auténtico ruiseñor de los Cayos, los náufragos se defienden a las mil maravillas del hambre. El niño prodigio ha demostrado rápidamente sus habilidades para la pesca. Además de tener muy buen estómago, ya que se lo come todo y además le sabe de lujo, el cantante pesca sin parar. Pulpos, pescados, cangrejos... no hay ser vivo en el mar que logre escapar de sus cebos.
Con el estómago lleno la cabeza también funciona mejor, algo de lo que podemos dar fe ciega al comprobar como los supervivientes de Playa Cabeza de León han desarrollado su imaginación para construir un parchís, el juego de mesa por excelencia. Las eternas horas en la isla son amenizadas por largas partidas, haciendo más llevadera la rutinaria vida a la que se ven sometidos. El humor de los siete 'afortunados' es inmejorable, y entre cánticos de júbilo las excursiones diarias se han convertido en una forma de diversión más.1
El ambiente en Playa Uva es totalmente diferente. Sus inquilinas, encabezadas por el capitán de la expedición Michel, se pasan el día sin hacer nada. El único que intenta llevar comida al campamento es el modelo, pero todo se queda en una buena intención ya que el joven no destaca por sus dotes en el mundo de la pesca. Algo torponas y desesperadas las chicas de la playa desafortunada han  perdido los nervios en pocos días. Las lágrimas no han tardado en asomar por sus ojos, echan de menos a sus familiares y la polifacética Karmele necesita tanto su teléfono móvil que ya se ha creado uno con una piedra. Las cabezas empiezan a fallar... 
El médico ya ha tenido que visitar a una de las náufragas de Playa Uva. Estela, la deportista de la aventura, no está tan entrenada en el mundo de la supervivencia. La falta de comida y de entretenimiento se ha apoderado de ella, provocándole un enorme ataque de ansiedad. Para intentar relajarse, no sabemos de que porque se pasan el día dedicadas a la contemplación,  han decidido poner en práctica técnicas de relajación, dejando una estampa de lo más cómica de como solventar los problemas en una isla desierta.