El gran hermano digital en ''una sociedad de hipervigilancia'': Lo saben todo sobre ti

telecinco.es 04/03/2019 06:44

Te compras una aspiradora de esas que sacan el polvo de tu casa sin molestarte, lees tu periódico favorito desde tu ordenador, sigues a gente que te gusta en las redes sociales, compras ciertas ropas en tus tiendas favoritas y ligas desde tu móvil a través de una aplicación a la que cediste mucha información sobre ti. Tu vida en la red es esto: Un rastro de datos sensibles que vamos cediendo y otros, que recopilan Facebook, Instagram, WhatsApp, sin que lo sepas. "De manera pasiva e inconsciente". De esto sabe mucho Google una de las empresas "más invasivas" del universo actual.

Lo asegura la abogada Paloma Llaneza, consultora tecnológica de Razona Legaltech, que explica que el buscador a través de sus servicios y aplicaciones gratuitas recopila información, mientras se están ejecutando, muchas veces sin el conocimiento del usuario. Desde cualquier de sus plataforma, YouTube o Maps, los usuarios "pasan por alto el alcance y la magnitud de la recopilación de datos pasivos que Google realiza. De ahí la sensación de seguridad en el uso que se aprecia en los usuarios que no ven un peligro específico al no ser conscientes del trasiego de datos que se produce".

La autora del libro Datanomics (Ediciones Deusto) deja un inquietante regusto de sociedad vigilada, en la que nadie está a salvo de este gran hermano global que define como "situación de vigilancia".

"Estamos en una sociedad de hipervigilancia, todos estamos sometidos a una vigilancia constante, silente, casi imperceptible en la que no somos conscientes de toda la información que tienen de nosotros. Si alguien nos dijera que el Estado nos va a poner un policía que nos persiga a todas partes, que escuche nuestras conversaciones que se siente a cenar a nuestro lado, no lo consentiríamos. Y sin embargo, en realidad esta actividad la estamos dejando reflejada en nuestra actividad con los dispositivos móviles, con las aplicaciones que usamos y en las redes donde compartimos nuestra vida privada".

La experta digital enumera en su libro todo lo que Facebook sabe de ti a partir del momento en que decides abrir una cuenta: La red social que nació para "compartir la vida universitaria" sabe lo que haces tú y tus amigos, tus creencias religiosas, tus opiniones políticas, tu salud, tu raza, tus creencias filosóficas, tu pertenencia a sindicatos; tiene tu registro de llamadas, el historial de tus sms, la información sobre pago, sobre envíos, tu ubicación, tus fotos y vídeos y los metadatos que contienen, tus hashtags, la fecha, hora y frecuencia de tu actividad, el tipo de ordenador y el programa que usas, su sistema operativo, las aplicaciones instaladas. Facebook sabe hasta cómo mueves el ratón, qué operador de telefonía tienes contratado, qué dispositivo usas, tu velocidad de conexión, qué anuncios ves, qué mensajes mandas y a quiénes. ¿Ya te cansaste de leer? Facebook no.

Rafael García, responsable del área internacional de la Agencia Española de Protección de Datos, rechaza el término espiar, porque es "un poco exagerado y quizá confunde. Lo que es cierto es que las grandes empresas y no solo las del mundo de internet manejan gran cantidad de datos personales, una tendencia que se ha potenciado enormemente en los últimos tiempos". Sin embargo, eso no quiere decir, en principio, "que esa actividad sea subrepticia o ilegal, como parece indicar el termino espionaje, aunque sí, admite, que "se han dado casos de que algunas de estas grandes compañías han hecho uso de estos datos sin que hayan informado a las personas que estos se utilizaban. "

Legislar en tiempos de 5G a velocidad analógica

¿Quiénes nos protegen? ¿cómo? ¿por qué nos sentimos tan vulnerables con una legislación laxa, que llega tarde, mientras en la mesilla de tu salón un asistente virtual manda tu voz a no sé sabe bien a qué base de datos, ni para qué. Para Llaneza legislar sobre estos asuntos "es complicado en el mundo líquido, porque cuando has regulado una realidad surge una nueva y te la han cambiado por completo. Pero la experta también critica a "nuestros políticos y legisladores", cada vez "más preocupados por cuestiones inmediatas, o de dar titulares o de pegarse entre sí que de dedicarse a los temas verdaderamente importantes para la ciudadanía."

"Este es un tema que pone en cuestión un principio que es el de la innovación. Puede haber algunos que piensen que si toman medidas al respecto estarán limitando la innovación y ningún político o Gobierno quiere dar la sensación de que es un impedimento para esto. Deberían reflexionar sobre este aspecto y darse cuenta que estas industrias extractivas de datos no son innovadoras. Lo innovador sería conseguir quitarles ese monopolio y que surjan otros servicios que puedan competir con ellos de manera ética".

El representante de la AEPD admite que la legislación va por detrás de la realidad, pero explica "que es así en todos los campos, aunque es más evidente en el campo tecnológico". En su opinión, no es justo "achacar a los políticos un desinterés", porque "el desarrollo es tan rápido que realmente es muy difícil seguir el ritmo desde el punto de vista regulatorio. Es muy difícil prever cuáles pueden ser las consecuencias o la realidad de estos cambios tecnológicos para nuestra sociedad".

Lo que importa es "el dinero", subraya Borja Adsuara, abogado, que encabeza la iniciativa presentada ante el Defensor del Pueblo para que declare inconstitucional que los partidos puedan recopilar información sobre nuestra ideología, definir perfiles y poder bombardearnos con la propaganda electoral sin necesidad de consentimiento.

"Nos están espiando, porque esa información que recopilan, una es pública y otra no. La diferencia está en que cuando hacemos uso de un servicio, por ejemplo un operador de telecomunicaciones, ellos saben los datos de las llamadas, lo necesitan para facturarnos y prestarnos el servicio. Otros datos no son necesarios y los recopilan a través de los servicios gratuitos para luego venderlos segmentado a los anunciantes. Son gratuitos entre comillas, porque realmente se financian con nuestros datos."

Lo peor es que no somos conscientes de que cómo es tu día de datos cuando permites que tu aspirador mande a Google el mapa de tu casa; la pulsera de actividad física o el reloj inteligente que llevas en la muñeca almacena en la nube tus constantes vitales, tus rutinas de ejercicios, las calles por dónde andas y hasta las horas de sueño. Hace apenas un año, uno de estos dispositivos servía como prueba legal para desmentir la versión de una mujer supuestamente violada en su casa.

El profesor Borja Adsuara apunta a la industria informática y tecnológica que culpa a los usuarios sin asumir que ellos ponen en el mercado aplicaciones, servicios y productos "fácilmente hackeables", incluso sin mala intención, pero que terminan por perjudicar a todos. ¿Somos conscientes de lo que está ocurriendo?

"Estoy seguro de que no lo somos. La industria informática pone en el mercado productos y servicios que no son seguros, que en el mejor de los casos no están hechos con la mala idea de robarte información o son fácilmente hackeables." Y no son los únicos responsables, sino también las autoridades y asociaciones de consumidores, porque para Adsuara "no hay ninguna autoridad nacional o europea que obligue a los servicios o productos que se ofrecen en internet a pasar una auditoría de seguridad, entonces resulta que hay aplicaciones en las tiendas de Apple o de Android que en sí mismas son malware o tienen graves agujeros de seguridad y nosotros nos enteramos cuando ya ha ocurrido algún escándalo."

"Esa situación no la permitiríamos en el mundo físico", argumenta. "Imagínate que se pusiera a la venta un coche con problemas de frenos. No permitiríamos que se pusieran alimentos, juguetes con problemas de seguridad" y sin embargo, en estos casos, las empresas "le echan las culpas al usuario de ser responsable, de hacer un mal uso".

La industria extractiva de datos usa lo que saben de nosotros para desarrollar la inteligencia artificial

Pensamos que estos datos solo los usan para vendernos billetes de avión a ese país del que llevamos hablando por gmail con nuestra pareja o sugerirnos unas zapatillas en oferta. Sin embargo, las multinaciones, como Google o Facebook y otras más ya han encontrado un nuevo modelo de negocio, a partir de toda esa información que saben de nosotros para desarrollar la Inteligencia Artificial, al punto de que con el retrato que han hecho de nosotros podrán decidir si nos dan un seguro de vida o nos conceden una hipoteca.

"No venden nuestros datos a terceros, porque no van a vender el núcleo de su negocio". Venden servicios a terceros basados en los modelos que hacen de nuestros datos a partir del número inmenso que generamos; a partir de la movilidad, de los teléfonos inteligentes capaces de generar datos sensoriales, físicos, de pensamiento y de comportamiento hemos sido capaces de desarrollar la inteligencia artificial. Los algoritmos que ya existían necesitan de estos datos para ser entrenados. Estos algoritmos permiten desde hacer posible que una tecnología para que un coche no se salga de la carretera, saber qué probabilidades tienes de morir de un infarto en relación a su alimentación y hacer en tiempo real quién cuesta menos a una compañía de seguro o si nos conceden un préstamo. Eso técnicamente es posible y lo que nos tenemos que plantear es sí es éticamente aceptable. Estamos en ese punto de pararnos a pensar sobre cómo todo ese entramado de datos, algoritmos e IA son capaces de tomar decisiones sobre nosotros que afectan a nuestra salud, integridad y desarrollo personal.