Australia, la Covid-19 y los grandes incendios causados por el cambio climático

  • El año pasado se registró un ascenso de las temperaturas de 1,54 grados centígrados por encima de la media

La escala de prioridades en Australia Occidental no ha necesitado muchos quebraderos de cabeza a la hora de valorar qué hacer ante dos frentes abiertos: ¿cumplir con el confinamiento tras un rebrote de Covid-19 o evacuar ante la inminencia de un fuego atroz?

La contradicción existe y la duda ofende a aquellas personas que residen en Wooroloo, una zona rural de poco más de 2.600 habitantes ubicada al este de Perth. El virus, escondido en el aliento de un número ínfimo de personas, ha pasado a un segundo plano ante un fuego que activa todos los sentidos. Hasta el momento ha arrasado 10.500 hectáreas, ha calcinado 86 casas y se extiende por un perímetro de 136 kilómetros.

Todo ello al mismo tiempo en que más de dos millones de personas han sufrido un riguroso confinamiento tras registrarse un contagio de covid el pasado fin de semana. Se trata de un guarda de seguridad que custodiaba uno de los hoteles destinados a la cuarentena de viajeros.

Dio positivo y ante el temor a que se tratara de la variante británica o sudafricana, el Gobierno estatal optó por el riesgo cero. Un par de días después, los eucaliptos y matorrales comenzaron a arder sin control.

“Lo más importante es preservar la vida y, por lo tanto, si existe una orden de cuarentena y a la vez se exige la evacuación, hay que evacuar”, afirmó en rueda de prensa, Darren Klemm, el comisario del Departamento de Servicios de Emergencia e Incendios (DFES) de Australia Occidental. “Esa evacuación anula cualquier requisito de cuarentena que la gente pueda tener”.

Grandes incendios

Dusty Murray-Whelan es una residente del área afectada por el fuego que ha optado por quedarse a defender su propiedad en lugar de evacuar. Durante una entrevista a un medio local, demostró que la pandemia era la última de sus preocupaciones.

“Está muy oscuro. El sol y el humo crean una imagen anaranjada. Hay mucho silencio. No se oye a los pájaros o a los insectos. Es una situación inusual. He tenido que evacuar tres veces a lo largo de mi vida, ya que siempre he vivido en zonas rurales, y este fuego es el peor”, apuntó Murray-Whelan.

Junto a ella, varios residentes también prefirieron permanecer en sus hogares para combatir el fuego en caso de que se acerque a sus casas. El riesgo es mayúsculo porque cuanto más acechan las llamas, menos vías de evacuación quedan.

“Sólo me voy en el momento en el que me empiece a sentir en peligro. Yo tengo experiencia y el tener habilidades es clave”, declaró dando a entender que no todo el mundo está preparado para hacer frente a la intensidad del fuego. “Estamos a una distancia suficiente para ver a los vecinos que también se han quedado. Tenemos códigos de señales para indicar cuál es nuestro estado”.

Un macuto con documentos esenciales como pasaporte y carné de conducir, un par de mudas y objetos personales esperan en la entrada de la casa por si es necesario huir a las consecuencias de un calentamiento global que se está cebando con Australia. Los años 2019 y 2020 han sido los más calurosos jamás registrados en Australia Occidental y la abundancia forestal, descuidada y seca por la falta de lluvia, se convierte en combustible; y el viento, en su mejor aliado.

El año pasado se registró un ascenso de las temperaturas de 1,54 grados centígrados por encima de la media, y ante este panorama, los expertos avisan:

“Las condiciones en este momento no son tan malas como las que normalmente se darían para que se formen megaincendios, los actuales incendios forestales son presagios de lo que está por venir”, señaló a Western Australia Today, el Dr Paul Read, director del Departamento de Emergencias de la Universidad

“Lo que nos lleva al cambio climático”, agregó. “En otras palabras, estamos bien encaminados a que haya más incendios, gracias en gran parte a nuestra propia falta de liderazgo en las emisiones de carbono. Hemos desperdiciado tres décadas de crecimiento económico ininterrumpido”.

Gases efecto invernadero

Australia tiene una de las mayores emisiones per capita de gases de efecto invernadero del mundo, ya que su 0,3% del total de la población mundial libera el 1,07% de los gases del mundo. Ante esta situación, y apretado por la presión de partidos de la oposición, el primer ministro australiano, el conservador Scott Morrison, no ha puesto una fecha límite para llegar a las cero emisiones. Algunas fuentes aseguran que esto no sucederá hasta dentro de 50 años, un notorio retraso en relación al Acuerdo de París, cuyo objetivo es 2050.

Entre unas cosas y otras, Australia Occidental se ha convertido en el escenario de dos frentes, el viral - bajo control - y el climático, donde, según los expertos, lo peor está por llegar. Si ha habido una estrategia eficiente y modélica a los ojos del resto del mundo en la gestión de la pandemia, ¿cómo es posible que no suceda lo mismo con una amenaza tan palpable como el cambio climático y sus consecuencias?

En Australia, la ciencia ha marcado una agenda política casi impoluta durante la crisis del Covid-19, sin embargo, las puertas se le cierran a la hora de combatir un drama, el de los fuegos, que va de mal en peor.

Y para eso, no hay vacuna.