Es Premio Nacional de Gastronomía y tiene cinco estrellas Michelin (tres en Azurmendi y otras dos en Eneko y Eneko Lisboa)
Martín Berasategui: "Es un profesional como no habrás visto otro, grande entre los grandes"
"La cocina es una herramienta de unión familiar, de escucha, de conversación, de debate", nos cuenta
MadridEn Azurmendi, Larrabetzu (Bizkaia), hay un amanecer de trinos de pájaros, perfumes de huerta y un paisaje desbordante bajo un cielo azul que acentúa la sensación palpitante de que todo esta vivo, de que las historias se escriben en el plato, en la mesa y en el aire. Esta es la patria íntima de Eneko Atxa (Amorebieta, 1977), el lugar de su vida, en donde aprendió a nombrar las cosas.
No recuerda con exactitud cuando supo que quería ser cocinero pero sabe que fue allá por los tiempos de su niñez siguiendo el rastro y las huellas de aquellos tiempos en familia en un entorno de fogones y sabores que le marcarían para siempre: “Es cierto Manolo -comienza contándome- , no tengo una fecha exacta y lo mío no es vocacional aunque lo relaciono rápidamente con una imagen: antes las casas tenían unas cocinas bien amplias y salones más pequeños y ahora es al revés, salones grandes y cocinas pequeñas y yo creo que hemos ido perdiendo aquello que nos regaló la vida: compartir con la familia, escuchar y aprender de la gente que estaba en torno a la cocina y a esos olores, esos pucheros".
"El mundo de la cocina puede ser maravilloso alrededor del guiso, del aprendizaje de los mayores… Si hay algún detonante que me llevó a ser cocinero son esos ratos agradables que compartí siempre en familia desde bien pequeño. Más tarde supe que quería desarrollar alguna profesión que fuera interactiva y aposté por la cocina como podría haber apostado por cualquier otro tipo de disciplina. Lo que ocurrió fue que me enganchó desde el primer día, así que antes de ir a la Escuela de Hostelería (tenía unos 16 años), mi madre me dijo: si de verdad quieres saber de que va este oficio antes de embarcarte en esa escuela por qué no pruebas y vas por algún restaurante los fines de semana para explorar un poco ese mundo y así saber si realmente es lo que quieres. Así lo hice, luego me fui a la Escuela de Hostelería y comprendí que entraba en un mundo infinito, lleno de materia de la que aprender todos los días".
"Y sigo aprendiendo cada día, disfrutando de esta profesión que es la más maravillosa del mundo. Siempre les digo a los componentes de mi equipo: mirad, hay gente que está pensando desde hace tiempo venir a nuestro restaurante, se informan, nos buscan, vienen desde cerca o lejos , comen, pagan y además por norma general nos dan las gracias por lo que hacemos, decidme un oficio donde eso ocurra. Es maravilloso”.