El incierto futuro de 'Gure Baitha', una villa centenaria de Donostia: denuncian el inicio de su demolición a pesar se estar protegida

Hace 8 años sus dueños solicitaron el derribo de la villa para construir un bloque de viviendas
Alertan del riesgo de desaparición de los ascensores de la Belle Époque en San Sebastián
San SebastiánEn lo alto del donostiarra Paseo de la Fe, en el número 39, se levanta desde hace 113 años la imponente villa 'Gure Baitha'. Sin embargo, esta casa centenaria y protegida podría desaparecer, más pronto que tarde, del paisaje urbano de la capital guipuzcoana, ya que, según denuncia Ancora, han iniciado su demolición.
La entidad que vela en San Sebastián por la conservación del patrimonio lleva años sin quitarle ojo a este inmueble, “una de las villas con mayor calidad arquitectónica de la bahía” y que lleva tiempo tapiada. La villa, a pesar de los intentos de sus propietarios por evitar su protección, está incluida en el Plan Especial de Protección del Patrimonio Urbanístico Construido y su estatus de protección sigue vigente.
En 2018, sus actuales propietarios revelaron su intención de derribarla para construir en ese terreno un bloque de viviendas. No lo lograron, pero ya entonces, Ancora se mostró temerosa de su “futuro incierto”. Y así se ha llegado a 2026 y su presente no parece mucho más halagüeño, atendiendo a las advertencias de esta entidad.
Dejándola morir
Consta de sótano, planta baja, primer piso y bajocubierta rematándose mediante un tejado de cerámica plana que presenta faldones de acusada pendiente. Su fachada orientada al mar posee cuerpos avanzados y abundantes vanos. Las estructuras de madera en tejadillos, balcones y entramados alcanzan un importante papel en la definición del conjunto, presidido por un cuerpo central a modo de torre. Incluye un zócalo pétreo, paramentos con revestimiento de piedra artificial y recercados angulares pintados en blanco.
Fue construida para el capitán de fragata Alfredo Saralegui (1883-1961), fundador del Instituto Social de la Marina. Posee una superficie de 816 metros cuadrados, incluyendo un anexo destinado a garaje y una gran terraza añadida en 1921 por Ramón Cortázar. Esta última se halla sustentada por 10 esbeltos pilares con inequívoco aire industrial, componiendo una interesante estructura de hormigón armado próxima a cumplir un siglo.
“Los dueños la están dejando morir para especular con el terreno”, “Parece bastante abandonada” o “qué lastima” son algunas de las reacciones que ha provocado entre los donostiarras el estado actual de la edificación y su posible desaparición.
