Los niños amputados en Gaza aprenden a nadar para superar los traumas: "Cuando entran en el agua su ánimo cambia"
Los profesores de natación también son amputados y entienden la situación emocional de los niños
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La guerra en Gaza golpea a los más vulnerables: los niños palestinos sufren en silencio porque han perdido la capacidad de hablar, pero otros, además conviven con las consecuencias físicas. Miles de ellos han acabado mutilados. Una iniciativa en Jan Junis les ofrece aprender a nadar en un intento por devolverles la confianza en la vida y en sí mismos para superar los traumas. "Cuando entran en el agua su ánimo cambia".
El proyecto 'Olas de Esperanza para la Enseñanza de Natación a Niños Huérfanos y Amputados trata de apoyar su recuperación psicológica de los niños porque aprender a nadar se ha convertido también en una forma de volver a empezar.
En esta piscina de Jan Junis funciona una pequeña escuela de natación con alumnos muy especiales: niños que han perdido una pierna o un brazo bajo los bombardeos israelíes y que ahora aprenden a desenvolverse en el agua con un cuerpo al que todavía están acostumbrándose. Al frente está un profesor que conoce perfectamente este desafío porque él también ha perdido una pierna.
"Los niños amputados generalmente están en un mal estado psicológico, pero una vez que entran en la piscina y están en el agua su ánimo cambia y su confianza aumenta", explica este entrenador que confía en el proyecto rehabilitar de mente y cuerpo.
No solo se trata de aprender a flotar o a dar unas brazadas porque lidiar con estos niños después de lo que han soportado no es fácil. "Primero les explicamos que nosotros también somos amputados. Les decimos que hemos pasado por la misma experiencia, que no fue fácil, pero que con determinación y fuerza de voluntad logramos superarlo".
Durante este fin de semana la idea de evadirse del infierno en el que malviven a través del agua se ha celebrado con unas jornadas de natación destinadas a todos los niños de Gaza, amputados o no.
Aprender a nadar, una brazada para impulsar las ganas de seguir adelante
Han venido a la playa para aprender a nadar "porque debido a la guerra y al desplazamiento en el que vivimos quería venir aquí para cambiar y mejorar mi estado de ánimo saliendo de la tienda en la que vivo", dice una niña gazatí. "Una oportunidad para aprender y jugar al menos durante unas horas".
Sus organizadores han explicado este proyecto: "Los niños tienen derecho a la educación, a jugar y a hacer deporte. Así que aquí intentamos dar todo lo que podemos y todo nuestro amor, especialmente para los que han perdido a sus familias, a enseñarles a nadar y a cómo afrontar la vida con sus dificultades.
En un territorio donde miles de menores han muerto o resultado heridos, cada brazada adquiere otro significado. La guerra les ha arrebatado familiares, hogares, escuelas y a algunos una parte de su propio cuerpo, pero hay algo que resulta mucho más difícil de amputar, las ganas de seguir adelante.