Octavo día de protestas contra el Gobierno en Albania: los manifestantes atacan edificios gubernamentales y lanzan cócteles molotov a la Policía

Las movilizaciones han sido impulsadas por estudiantes, que reclaman mejoras en la educación pública, medidas contra la corrupción y exigen la dimisión del Primer Ministro
Mientras las protestas continúan, Edi Rama ha aprobado una partida de 7,5 millones de euros para recompensar a 2.750 policías desplegados durante las protestas
Las protestas violentas persisten en Albania, que entra en su octavo día de manifestaciones contra el gobierno. Esta noche, los protestantes han atacado edificios gubernamentales y han lanzado cócteles molotov a la Policía. Las fuerzas de seguridad han respondido con cañones de agua.
Las movilizaciones han sido impulsadas por estudiantes, que reclaman mejoras en la educación pública, y medidas contra la corrupción, mientras exigen la dimisión del Primer Ministro, Edi Rama y dejan ya más de 300 personas heridas, en su mayoría agentes de Policía, además de manifestantes y personas transeúntes.
El Primer Ministro se abre al diálogo
Las protestas, que comenzaron el pasado 13 de octubre en Tirana, la capital del país, frente al Ministerio de Educación, se han ido extendiendo a otras ciudades del país. Los disturbios dejan ya importantes destrozos en edificios del Gobierno, sucursales bancarias, tiendas de telefonía, restaurantes de comida rápida, semáforos y paradas de autobús.
Mientras las protestas continúan, Edi Rama ha aprobado una partida de 7,5 millones de euros para recompensar a 2.750 policías desplegados durante las protestas, según ha informado la Albanian Telegraphic Agency (ATA).
Además, este martes, en un intento de apertura hacia las demandas de los estudiantes, Edi Rama ha sacado siete sillas con tapicería roja a la escalinata junto a la sede de su oficina, cerca del bulevar donde tienen lugar las protestas, con un cartel en el que se leía 'diálogo' sobre el asiento.
La acción no ha sido bien acogida por los manifestantes que, horas después, han tomado las sillas y las han roto frente a la oficina en una nueva señal de falta de sintonía entre el primer ministro y la calle.
