El toque manual en festividades, solemnidades y fechas señaladas como el 17-A devuelve la voz a una de las iglesias y barrio de Barcelona
La eliminación de los viejos sistemas mecánicos busca proteger campanas históricas de los siglos XVII y XVIII que sufrían daños
Mientras suenen las campanas, los vecinos tendrán voz. La iglesia de Santa Maria del Pi mantiene viva la tradición del repique de campanas y es de las únicas que lo hace, de manera manual. Muchas veces lo antiguo se tilda de viejo, estropeado o incluso inservible, pero para esta iglesia, volver al repique manual, no es solo volver a un sello de identidad, sino poder hacerlo, conservando el patrimonio. La Asociación de "Amics i Amigues del Campanar del Pi", cuenta con un equipo de 30 de voluntarios que hace sonar las campanas todos los domingos desde hace casi 10 años. Hace a penas una semana, el sonido de la torre volvía a resonar sobre los tejados del centro de Barcelona para homenajear a las víctimas del atentado del 17-A.
Rescate del patrimonio
La continuidad del toque manual en la torre responde también a una estrategia de preservación del propio edificio. "En los años 80 se implementó un sistema mecánico y nosotros queríamos eliminar esos sistemas viejos, pero no por antiguos, sino porque no funcionaban como correspondía, eran muy pobres y estaban dañando las campanas", explica Jordi Sacasas, archivero de la iglesia del Pi. Para poner fin a esa "mala praxis que dañaba campanas de los siglos XVII y XVIII", se retiraron los motores y se centraron en la conservación más etnológica, dedicado a hacer sonar las cuerdas con distintas intensidades y ritmos.
Esta labor de "restauración preventiva" les permite aprender continuamente: "Podemos estudiar todo lo de antes gracias a conservar piezas antiguas; de ahí podemos analizar materiales y técnicas muy interesantes", remarca Sacasas.
Más allá del ámbito litúrgico, el sonido de las campanas es un sello de identidad. "El barrio agradece que suenen las campanas; gente local queda muy poca y es una manera de poner freno a esta gentrificación agresiva", sostiene el archivero.

