La investigación liderada por la Universidad Pompeu Fabra conjuga conocimientos de lingüística, psicología y educación
El nuevo modelo quiere facilitar la labor de los educadores y los logopedas
BarcelonaUn nuevo método desarrollado por la Universidad Pompeu Fabra (UPF) contribuye a mejorar la expresión oral de los niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA) o trastornos del lenguaje, que incluye la narración de cuentos mediante palabras y gestos. Se trata de un modelo de intervención que podría implementarse tanto en entornos clínicos como en centros educativos.
Impulsado por el Grupo de Estudios de Prosodia y Gestualidad (GrEPG) del Departamento de Traducción y Ciencias del Lenguaje de la UPF, el modelo va más allá de los criterios de la lingüística e incorpora la visión de educadores, psicólogos o logopedas. Por eso, se ha contado con el apoyo del grupo de investigación GRECIL y su NeuroDevelop eHealth Lab, de la UOC.
Uno de los principales pilares de este método es la narración de cuentos porque la capacidad de contar oralmente una historia es fundamental para el desarrollo del lenguaje. Por eso, el equipo de investigación ha creado materiales y recursos audiovisuales en catalán sobre diferentes cuentos, un tipo de recurso prácticamente inexistente hasta ahora en lengua catalana. "Si se articulan los mecanismos de coordinación necesarios para implementar este modelo en las escuelas, se podrá reforzar y complementar la labor que realizan los centros educativos con los niños con necesidades especiales", destaca Pilar Prieto, directora del GrEPG.
Este modelo de intervención fomenta el aprendizaje conjunto de todas modalidades del lenguaje como verbal, gestual o corporal, puesto que parte de la perspectiva de la narrativa multimodal, según la cual todas las habilidades del lenguaje están interrelacionadas y pueden retroalimentarse. La evidencia científica demuestra que el nivel de expresión oral de un niño puede servir para predecir sus futuras habilidades lingüísticas, también de lectoescritura, e incluso su rendimiento académico y capacidad de socialización.
Desde esta perspectiva, el GrEPG hace tiempo que estudia cómo mejorar las habilidades lingüísticas de los niños en general y ha diseñado diversos materiales con tal fin. Pero esta investigación es la primera dedicada a niños y niñas con trastornos de neurodesarrollo.
Eficacia del modelo en niños de 3 a 7 años
El estudio parte de una muestra de 50 niños catalanohablantes y castellanohablantes de entre 3 y 7 años, ya que es en esta la franja de edad en la que empiezan a articular relatos algo más complejos. La muestra se ha dividido en dos partes: un grupo experimental formado por 16 niños con necesidades especiales con los que se ha desarrollado el nuevo modelo de intervención y un grupo de control, con el que no se ha aplicado el modelo, de 33 niños: 17 con trastornos de neurodesarrollo y 16 sin necesidad especial. Los niños corresponden a 7 escuelas y 8 centros clínicos.
Los 16 niños del primer grupo realizaron nueve sesiones de trabajo individualizadas, mayoritariamente con su logopeda y, en algunos casos, con maestros de audición y lenguaje, que dan apoyo especializado a los alumnos con dificultades de comunicación. En estas sesiones, los niños visionaban vídeos sobre tres cuentos diferentes, todos ellos protagonizados por un capibara que debía resolver diferentes retos. En la primera versión de cada cuento no había diálogos y los niños tenían que concentrarse solo en los gestos y movimientos de los personajes, y, en la segunda, se añadían las palabras. Después, guiados por los profesionales, debían reexplicar estas mismas historias por partes, de forma secuencial, o narrar nuevos cuentos.
Mejora significativa
Los resultados indican que el nuevo modelo de intervención mejora significativamente las habilidades de los niños y niñas con autismo y trastornos del lenguaje para estructurar los elementos clave de un relato como la identificación de los personajes, el problema planteado, las acciones para afrontarlo y la resolución.
Después de todas las sesiones, los niños con trastornos obtuvieron una puntuación de 3,77 (sobre 6) al narrar una historia nueva, muy cerca del 4,04 de los niños y niñas sin necesidades especiales. Por el contrario, los niños con estos trastornos del grupo de control obtuvieron una puntuación significativamente inferior (2,29). Sin embargo, será necesario estudiar la evolución de estos efectos a largo plazo para determinar si las diferencias observadas se mantienen.
Durante la intervención, también se siguió un proceso de evaluación continuada, con el que se constató que, cuanto menos ayudas y pistas necesita un niño para responder correctamente a preguntas sobre los cuentos, mayor es su potencial de aprendizaje.
El equipo de investigación apunta a un nuevo reto. Aunque los niños con trastornos mejoran sus habilidades para estructurar un relato con el nuevo método, no se han detectado mejoras significativas en sus capacidades para profundizar en los estados mentales o emociones de los personajes, que los relatos no suelen transmitir de forma explícita. Reforzar estas habilidades podría requerir un entrenamiento específico o más sostenido en el tiempo.

