El arte del camuflaje de Emma Hack

A esta guitarra le tocan las cuerdas y se pone a reír y, si se descuidan, en cualquier momento echa a andar. Porque Emma Hack se tomó lo del relieve al pie de la letra. Lo suyo es el arte del camuflaje. Y si no vean o intenten ver no al koala sino a la modelo que se esconde tras él. Agudizen la vista para comprobar que la rama donde reposa la lechuza es, en realidad, un brazo. Esto sí que es naturaleza viva. Quince horas necesita la artista para fusionar el cuerpo humano con unos murales que hasta enseñan los dientes... Obras tridimensionales a las que más de quinientos millones de personas le han echado el ojo. Qué contradicción que la experta del disimulo no consiga pasar desapercibida.