Cáncer

Gustavo Oliva, sobre sus últimos días en cuidados paliativos tras su emotiva despedida: "Tener este cáncer es culpa mía"

El jugador de pádel Gustavo Oliva padece cáncer de colon con metástasis. Instagram
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El pasado 7 de octubre, el jugador de pádel español Gustavo Oliva comunicó, a través de su cuenta de Instagram, que, debido al cáncer de colon que padece, le quedan pocos días de vida. A sus 58 años, aseguró que, tras ser diagnosticado de esta enfermedad, había aprendido a valorar aún más la vida y, sobre todo, los momentos que pasa junto a su mujer, Inma, y sus dos hijas, de 30 y 33 años. También habló de la necesidad de hacerse una colonoscopia a tiempo, para prevenir tumores mortales como el suyo.

Aunque su publicación era una clara despedida, después tuvo que aclarar que aún "sigue vivo", si bien se encuentra, desde hace semanas, en la unidad de Cuidados Paliativos del hospital Pere Virgili, en Barcelona. Y, en estos últimos días, ha dado una sincera entrevista en 'La Vanguardia' en la que confirma que la intención de su carta era animar a hacerse una revisión médica y no saltarse los controles médicos propios de cada edad, como hizo él.

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También ha explicado que, cuando supo que tenía cáncer, sufrió mucho, pero que después comprendió que el tiempo es un regalo: "Cuando me diagnosticaron el cáncer de colon, hace tres años, los médicos jamás me dieron esta esperanza de vida. Así que, en este tiempo, he asumido que me han regalado más vida", ha declarado Oliva.

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"Cada día que pasa estoy más débil"

Con total sinceridad, también ha admitido que estar enfermo es "culpa suya": "Fue culpa mía. Y por eso quiero ayudar a todos los que pueda ayudar. De todas las pruebas contra el cáncer, el colon es la más fácil de hacer. La Generalitat nos lo pone fácil. Al cumplir los cincuenta años recibí el tubo y podía recoger una muestra de heces e ir a la farmacia, pero me dije: ‘Ya lo haré’. Y no lo hice. Y tampoco lo hice a los 52. Y de repente observé que mis desechos eran muy delgados. Pero no sentía dolor y no hice caso y me fui a trabajar a Hungría y a Kuwait hasta que un día, al volver a Barcelona, fui con mi mujer a urgencias", recuerda Oliva.

"Me hicieron la analítica y una muestra de orina y volví a Hungría y a los tres días me dijeron: ‘Ven corriendo’. Ya era tarde para la colonoscopia, la sonda no pasaba, tenía dos tumores enormes y riesgo de obstrucción intestinal y metástasis en el bazo, el hígado, ganglios infectados... Ya no había nada que hacer. Pasé noches sin dormir, con pastillas. Ahora sigo con las pastillas, pero son para rebajar el dolor", añade este jugador de pádel, que llegó a entrar en el top 10 catalán.

Consciente de que su muerte llegaría, Gustavo se ha centrado, en estos últimos tres años, en la felicidad de sus hijas: "El verlas felices, el ver que las cosas les van bien, me ha ayudado a sentirme en paz. Lo único que me entristece es que no llegaré a tiempo de ser abuelo. Cada día estoy más débil, llevo días despidiéndome de todos, así nos hemos ido haciendo a la idea. Pero escuche: he sido un afortunado. He nacido en el primer mundo y en una época en la que lo he tenido todo. Hace 200 años, la esperanza de vida era mi edad actual. ¡Y hace más de mil años, muchísimo menos!", concluye, con optimismo, el deportista.

Así mismo, Oliva ha repetido que no tiene "miedo a morir" y que, durante todos estos años, se ha preparado para irse de este mundo con la mayor calma posible.