El rincón de España donde el agua caliente sale de la tierra y puedes bañarte al aire libre mientras hace frío
No requiere de pago de entrada, ni cierran en invierno y, además, están conectadas entre sí a pie, en bicicleta o mediante un pequeño tren turístico
El pueblo de España donde puedes dormir en una antigua estación de tren rodeado de bosques que en otoño cambian de color
Bañarse al aire libre en enero con el termómetro exterior a cinco grados y sentir el agua a treinta y ocho grados en la espalda es una experiencia que solo unos pocos rincones de España ofrecen. La provincia de Ourense esconde uno de ellos. La ciudad y su comarca concentran la mayor densidad de aguas termales de acceso libre de España y una de las mayores de Europa, con un circuito de pozas al aire libre que se extiende a lo largo de las orillas del río Miño en apenas cuatro kilómetros.
Además, disfrutar de ellas no requiere de pago de entrada, ni cierran en invierno y, además, están conectadas entre sí a pie, en bicicleta o mediante un pequeño tren turístico de las termas que recorre el trayecto durante los fines de semana. La combinación de acceso público y el clima suave gallego convierte a Ourense en un destino invernal en el que el agua caliente sale directamente de la tierra y espera al bañista sin obstáculos.
El punto de partida está en pleno casco histórico, a pocos metros de la catedral de San Martiño y de las principales plazas de la ciudad vieja. Las Burgas son la manifestación termal más antigua y monumental de Ourense. Un manantial que emana a 68 grados y que los romanos ya conocían, hoy convertido en piscina termal pública de casi 200 metros cuadrados al aire libre. Está integrada en un conjunto arquitectónico moderno que respeta la ubicación original del propio manantial. Hay taquillas, duchas, vestuarios y horarios amplios de acceso. La entrada es gratuita todo el año, con turnos limitados por aforo durante los meses de más demanda.
El circuito del río Miño
Las cuatro termas más conocidas se sitúan a orillas del Miño y forman un eje termal recorrible en menos de una hora a pie. La primera, saliendo del centro, es Chavasqueira. Tres pozas escalonadas de agua templada entre 21 y 28 grados, entorno con inspiración japonesa, madera oscura, farolillos de piedra y ambientación asiática que recuerda a los onsen del país nipón. Es la más íntima y también la más buscada al atardecer.
Un poco más lejos, ya en la periferia, aparece la zona termal más completa: Outariz y la Burga de Canedo, dos complejos gratuitos separados por unos cientos de metros que suman siete pozas de distintos tamaños. Outariz combina un vaso de agua fría con tres calientes; la Burga de Canedo, uno frío con tres dobles a distintas temperaturas. Los caudales rondan los 60 grados de temperatura en el manantial original, con lo que las pozas ya acondicionadas se sitúan entre los 36 y los 42 grados, según punto de baño. Ambos espacios cuentan con vestuarios, taquillas, aseos y zonas ajardinadas para descansar.
Muíño da Veiga cierra el circuito. Es la más popular durante los fines de semana de invierno, con aguas que emergen entre 65 y 72 grados y propiedades específicas para problemas dermatológicos. El acceso es libre las 24 horas del día. La visión del vapor emergiendo del agua en las mañanas de enero, con el río Miño corriendo al lado, ilustra por qué la ciudad ha convertido sus termas en su principal seña de identidad turística.
Más allá de la capital
La comarca ofrece dos alternativas complementarias que exigen coche pero justifican la excursión. Las Termas de Barbantes-Cenlle, a treinta kilómetros de la capital, ocupan una amplia zona ajardinada con tres pozas templadas de entre 21 y 28 grados, merenderos de piedra, aparcamiento con área para caravanas y restauración cercana. Están abiertas todos los días del año y son buenas para artritis y reuma según los análisis realizados por la Xunta.
Los Baños de Río Caldo, en Lobios, ocupan una posición aún más apartada, en pleno Parque Natural Baixa Limia-Serra do Xurés, en la frontera con Portugal. Aquí las pozas se formaron sobre el propio trazado de una antigua calzada romana que atravesaba la zona hace dos mil años, y el agua brota entre cantos rodados con temperaturas que varían según punto de baño. El entorno, montañoso y con escasa población, ofrece la experiencia termal más silvestre de las que se encuentran en la provincia.
Cómo prepararse
El equipaje básico para cualquiera de estas pozas se resume en cuatro elementos: bañador, toalla, calzado antideslizante y bolsa impermeable para las pertenencias. En invierno conviene añadir chanclas cerradas para el trayecto de entrada y salida, un albornoz o poncho de secado rápido, y ropa cálida para vestirse tras el baño. El fondo de las pozas suele ser de piedra o cantos rodados y puede resbalar. Jabones, geles y champús están prohibidos dentro del agua. Los ayuntamientos mantienen los espacios con la colaboración del propio bañista: nada de basura, nada de comida dentro del agua, respeto al silencio del entorno.